Jueves, 06 de Agosto de 2026

El discurso esperado

UruguayEl País, Uruguay 6 de agosto de 2026

El gran desafío para Lacalle es abandonar su zona de confort o sea: el silencio.

Quién iba a pensarlo hoy? Todo el Uruguay pendiente de un discurso. El de Lacalle Pou. En el mundo de la posmodernidad se supone que deberíamos estar esperando un twitt explosivo o un meme de Fratti hecho con IA hablando sobre carne equina. O capaz una selfie en Instagram. Pero No. Ese Uruguay en mes de la Noche de la Nostalgia y hoy carente de líderes o caudillos aceptados por la opinión pública espera mucho (hasta demasiado) de un discurso.

La explicación de tamaño fenómeno hay que encontrarla -tal vez- en el descrédito del resto de los políticos del país conforme a las encuestas. Puede ser una explicación a este deja-vu comunicacional sesentoso, pero no es la única. De hecho el prolongado silencio del ex Presidente ha operado cual campaña de expectativa y todo el mundo quiere saber qué tiene hoy para "decir" el principal líder indiscutible del Partido Nacional.

¿Quién diría no? Oír un discurso evocativo de esos que ya no cautiva las masas mientras se dirige a una audiencia que solo espera mensajes de esperanza de cara al futuro.

¡Vaya desafío para el orador!

Tal vez el lector esté esperando que asuma el rol de "analista de sofá" o de predicción pero no esperen de estas líneas que juegue ese rol. Sería irreverente y además "gorila viejo no sube a palo podrido". Es más interesante especular a quien o -a quiénes- le hablará Lacalle el próximo 9 de agosto.

Pongámonos en perspectiva con la realidad actual. Hoy estamos en un escenario de crisis de credibilidad del actual Presidente y la de sus ministros. No se sabe si eso redundara o no en una abrupta caída de intención de voto del Partido de gobierno pero se intuye que algún efecto negativo ya podría estar experimentándose.

Si bien nunca antes se había medido, las encuestadoras hoy también señalan una opinión crítica de la ciudadanía hacia los partidos de la oposición. Por tanto este discurso se enmarca y se enfoca hacia la única figura cuyo saldo positivo de aprobación es altamente favorable. Le hablará a los blancos sin dudas. El disparador histórico lo obliga. Y le hablará a los socios de la Coalición Republicana. Es también una oportunidad única de fidelización a quienes -hasta hoy- prestan su voto desde otras tiendas y lo reconocen como líder. Pero también le hablará a aquellos frenteamplistas desencantados. No obstante pienso que aún así no les gustaría recibir fuertes descalificaciones a sus inclinaciones ideológicas. No esperen que Lacalle fustigue a Orsi o le "pegue en el suelo". ¿Qué necesidad?

El otro gran desafío para Lacalle es abandonar su zona de confort o sea: el silencio. Porque hasta la propia interna blanca espera de su líder una constatación de su vigencia como tal en un estrado y si pudieran le pedirían un discurso de barricada. No es esperable praderas incendiadas, y en todo caso habrá alimento retórico cuotificado y en dosis bien administradas. Expertise le sobra.

Amigos. No estamos ante el discurso de M. L King (I have a dream) ni ante la expectativa generada por el de Churchill en 1940 cuando ofreció "sangre, lágrimas y dolor" ni el de Lincoln en Gettysburg. El de Lacalle será recordado por haber generado expectativas en épocas en que los discursos no les importan a nadie.

Y no es poco.
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