Jueves, 06 de Agosto de 2026

Incómodas similitudes

ChileEl Mercurio, Chile 6 de agosto de 2026

La postergación de decisiones complejas no evita el costo, sino que lo dilata o cambia quien lo paga.

Existe una delicada tentación entre las autoridades económicas de todo país: administrar los desafíos con palabras antes que con decisiones. El debate en Estados Unidos respecto de las acciones a tomar para maniobrar entre una inflación que no cede y un crecimiento que se estanca ilustra el punto.
Si bien en algunos de los últimos reportes trimestrales el crecimiento estadounidense había alcanzado niveles superiores al 4%, la tendencia a la baja comienza a generar preocupación. El dato del segundo trimestre de 2026 llegó al 1,5% (anualizado), una expansión por debajo del 2,1% del trimestre previo. En principio, la menor actividad debería calmar las preocupaciones inflacionarias. Sin embargo, la aceleración de la demanda privada interna (3,9%) no da cuenta de una economía que necesariamente esté enfriando las presiones sobre precios. De hecho, el índice de precios de compras domésticas subió 5,7%, y el del gasto en consumo de las personas (PCE) trepó a 5,1%, desde el 4,6% previo. Todo confirma que la inflación, que se daba por controlada, parece volver a incomodar a los mercados.
Frente al escenario, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, eligió recientemente el camino de la retórica, comprometiéndose a llevar a la inflación por debajo del 2% sin modificar la política monetaria. El mercado respondió con escepticismo y no han sido pocos los expertos que han alertado que la Fed no puede asumir que los mercados harán el trabajo indefinidamente: tarde o temprano, la autoridad debe ejecutar acciones para cumplir su objetivo. El riesgo es la pérdida de credibilidad.
Y los efectos no se han dejado esperar. El bono del Tesoro a 30 años alcanzó su mayor nivel desde 2007, en torno a 5,2%, y el de 10 años ronda 4,64%, casi medio punto por sobre el inicio del año. El alza encarece localmente desde los créditos hipotecarios hasta el financiamiento de las empresas y la inversión en inteligencia artificial (fuente de crecimiento vía productividad). A nivel internacional, genera presiones sobre todos los mercados financieros, recordando que la postergación de decisiones complejas no evita el costo, sino que lo dilata o cambia quien lo paga.
Si bien puede no ser obvio, el caso de Chile ofrece el reflejo invertido del mismo dilema. Afortunadamente, en el país no existen presiones inflacionarias, pero hay algo más silencioso y corrosivo: el estancamiento.
El Imacec de junio anotó un alza de 2,4% en doce meses, número que a primera vista tranquiliza. Pero basta examinar el detalle para moderar el optimismo. En lo esencial, el resultado se explica por la minería del cobre, que creció 9,8%. Sin embargo, el Imacec no minero subió apenas 1,4% anual y, en su medición desestacionalizada, solo 0,4% en doce meses. La industria manufacturera, de hecho, cayó 0,7%. El comercio y los servicios crecen, sí, pero no lo suficiente para mover la aguja.
El detalle importa porque desnuda una economía que, descontado el cobre, prácticamente no se mueve. Con matices, esto ha sido una dañina regularidad por demasiado tiempo. Trimestre a trimestre, la actividad desestacionalizada ha oscilado en torno a cero durante el último año: pequeñas alzas seguidas de pequeñas caídas que, sumadas, dejan un saldo casi nulo. Chile coqueteó con una recesión técnica sin llegar a ella, no porque la economía creciera, sino porque no terminó de caer. Esto ha sido un denominador común en los últimos años.
El paralelo, entonces, no es anecdótico. EE.UU. enfrenta demasiado "calor" y Chile demasiado "frío", pero el error de política ha sido similar: confiar en que el tiempo, la suerte o las palabras resuelvan lo que exige decisiones. La Fed apuesta hoy a que el mercado haga por ella el ajuste que no quiere anunciar; Chile apostó por mucho tiempo a que la inercia disimularía la falta de reformas procrecimiento. Por lo mismo, es necesario reconocer el importante logro de la administración Kast al aprobar el proyecto de Reconstrucción. Con todas sus complejidades, el texto representa un cambio en la tendencia de políticas públicas que encarecieron la inversión. Durante los próximos meses será necesario analizar si las positivas reformas que incluye serán suficientes para transformar la señal en mejores datos. En otras palabras, se podrá cuantificar el costo de haber postergado decisiones difíciles y haber aceptado palabras sin decisiones.
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