Políticas públicas: Entre la mejora y la distorsión
La mayoría de las veces no es necesario reinventar la rueda ni modificar profundamente políticas que son buenas, pero perfectibles
La mayoría de las veces no es necesario reinventar la rueda ni modificar profundamente políticas que son buenas, pero perfectibles. Esta visión de Estado de largo plazo se ha observado en diversos ámbitos, destacando medidas de salud y económicas conocidas en las últimas semanas.
Por un lado, la ministra May Chomali anunció la profundización del GES, promulgado en 2004 e implementado en 2005, durante el gobierno de Ricardo Lagos. Fortalecido por las distintas administraciones -con variada eficacia en la gestión de listas de espera-, la presente gestión proyecta incorporar progresivamente la totalidad de los cánceres.
Mientras que, por otro lado, la administración anterior promulgó la Ley N° 21.748, la cual establece un subsidio a la tasa de interés hipotecaria para adquirir viviendas nuevas y creó el Programa de Garantías Apoyo a la Vivienda Nueva mediante el Fondo de Garantías Especiales (Fogaes). El actual Gobierno no solo dará continuidad a dicho subsidio, sino que ha propuesto ampliarlo a 80 mil cupos y elevar el valor máximo de la vivienda cubierta de 4.000 a 6.000 UF. Esto permitirá despejar un segmento importante de la oferta residencial e impulsar la construcción de nuevos proyectos, apuntalando a uno de los sectores más intensivos en mano de obra.
Esta clase de honestidad intelectual es la que se espera de las autoridades: ponderar lo favorable, valorar lo funcional e instrumentar mejoras en aquello que resulta perfectible.
Lamentablemente, este criterio no constituye la regla general. La urgente necesidad de incrementar la cotización para la capitalización individual dio pie a que, durante el mandato anterior, las preferencias ideológicas interfirieran en una arquitectura eficiente como la de los multifondos. Del mismo modo, planteamientos académicos pretendieron resolver mediante teorías la baja movilidad de afiliados entre administradoras, proponiendo una solución que solo funciona de manera eficiente y eficaz en el papel: la licitación del stock .
El protagonismo personal suele nublar el juicio. Por ello, es plausible que la transición hacia fondos generacionales y la licitación del stock pongan en riesgo la estabilidad del sistema financiero durante períodos prolongados. Ambas modificaciones constituyen perturbaciones importantes a un mercado de capitales cuya escasa profundidad provocará extensas distorsiones en la adecuada formación de precios. En definitiva, un escenario crítico sobre el cual, en diez años, los mismos ideólogos argumentarán que estaban convencidos de que no ocurriría problema alguno... pero el precio, como siempre, lo pagaremos todos.
Se espera de las autoridades: ponderar lo favorable, valorar lo funcional e instrumentar mejoras en aquello que resulta perfectible.