Viernes, 07 de Agosto de 2026

Kristalina y la heladera

UruguayEl País, Uruguay 7 de agosto de 2026

Lo que Georgieva dijo en lenguaje técnico y diplomático es que estamos perezosos y sin iniciativa.

En su visita, la Directora del Fondo Monetario Internacional señaló que el Uruguay conserva la seguridad económica, pero advirtió que "realmente necesita más crecimiento", por lo cual nos reclamó que, en un escenario incierto, públicos y privados tengamos "más coraje".

Sus palabras tuvieron valor de crítica y de llamamiento. Valieron crítica, porque sólo se les pide coraje a los pueblos que se han estancado. Lo que nos dijo la señora Georgieva en lenguaje técnico y diplomático es que estamos descansados, perezosos y sin iniciativa. Para nosotros no es novedad, pero no es lo mismo saberlo entrecasa que recibir una mirada escrutadora y un certificado de modorra continua nada menos que del FMI.

Y valieron también llamamiento a asumir luchas y tomar riesgos, dejando de conformarnos con relevar estadísticas anuales de nuestro andar cansino y nuestra penuria recurrente.

El mensaje no merece caer en el olvido.

La señora Georgieva sostuvo que el Uruguay se distingue por la fortaleza de sus instituciones. En verdad, ese mérito se enraizó hace más de un siglo. Y hasta cuando cayeron las instituciones, su espíritu floreció por encima de las dictaduras. Tanto, que el Jefe de la dictadura de Terra cuando se consagró Presidente pactó en 1942 con la oposición derogar el antidemocrático Senado de 15 y 15. Tanto, que cuando Juan María Bordaberry proyectó un sistema en que no hubiera más partidos ni elecciones, la cúpula militar de 1976 rechazó conculcar la libertad política para siempre y depuso al dictador.

Todo lo cual muestra que la veta institucional republicana sobrevivió a las fracturas, pero no garantiza que sobreviva a la epidemia de dejadez y silencio de una ciudadanía que ha dejado de vibrar como opinión pública. De la democracia mantenemos formas y libertades que nos sanean la imagen, pero nuestro Derecho está a los tumbos en múltiples áreas que desde afuera no se notan o no se comentan, pero dañan.

Es que le falta mucho al orden jurídico de un país donde la crónica policial ya no estremece, donde una Ministra de Salud Pública le rebaja la suspensión a una médica que consintió ser penalmente condenada en juicio abreviado y donde los vecindarios saben en qué puertas están las bocas de pasta base pero pasan meses o años vendiendo, olímpicas.

Todo eso nos enfrenta cada vez más a los datos crudos de algo que no es una crisis sino una decadencia, no por multiplicación de problemas sino por inmovilismo de los sobrevivientes.

El Fondo Monetario es una institución económica y su Dirección ejecutiva la desempeña siempre un economista, pero el diagnóstico y el tratamiento que recibimos esta vez no recayó tanto sobre nuestra economía como sobre la actitud desde la cual estamos viviendo como nación.

En buen romance, lo que vino a decirnos la señora Kristalina es que estamos remolones y miedosos y que debemos asumir riesgos. Semejante admonición no se refirió sólo a la macroeconomía. Nos llamó a dejar el tranco cansino con que el Uruguay administra la pobreza. Nos empujó a asomarnos a la vida, que es cambio y no rigidez.

Es que, como bien dijo la distinguida Directora: "No se puede poner la estabilidad en un refrigerador". Y eso no es para olvidarlo, pues tenemos demasiados dolores públicos y demasiados destinos tronchados como para hacernos los distraídos y mirar para otro lado.

En definitiva, recuperar el coraje, tomar iniciativas y encarar el destino de lo que vendrá, para los uruguayos es asunto de orden público, cualquiera sea el partido que gobierne.
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