Cesó la horrible noche
La democracia tiene una virtud que ninguna otra forma de gobierno posee: permite que los ciudadanos evalúen a quienes ejercen el poder y, mediante el voto, corrijan el rumbo cuando consideren que un proyecto político ha fracasado
La democracia tiene una virtud que ninguna otra forma de gobierno posee: permite que los ciudadanos evalúen a quienes ejercen el poder y, mediante el voto, corrijan el rumbo cuando consideren que un proyecto político ha fracasado. Eso acaba de ocurrir en Colombia. El gobierno de Gustavo Petro llegó a su fin dejando un país más dividido, con instituciones debilitadas y enfrentando una compleja crisis en materia de seguridad, confianza y gestión pública. La principal apuesta del gobierno Petro fue la denominada Paz Total. Su balance es lamentable. La suspensión de órdenes de captura contra integrantes de organizaciones criminales y narcotraficantes, varios de ellos solicitados en extradición; las controversias alrededor de Danilo Rueda y Otty Patiño, el episodio del denominado Pacto de La Picota, la designación de integrantes de grupos armados como gestores de paz, el caso de alias Calarcá, las denuncias sobre presuntas filtraciones desde la Dirección Nacional de Inteligencia hacia las disidencias de las Farc y el fracaso en el mantenimiento de los helicópteros MI-17 terminaron proyectando la idea de que el Estado cedía espacios frente a las estructuras criminales, mientras el país experimentaba un deterioro evidente de la seguridad. A esa realidad se sumó una cadena de escándalos que golpeó severamente la credibilidad del Gobierno. El caso de Nicolás Petro; las investigaciones sobre la financiación de la campaña presidencial y su gerente, Ricardo Roa; el reconocimiento del ingreso a esa campaña de recursos vinculados al denominado ‘Papá Pitufo’; el escándalo de corrupción en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, que comprometió a exministros, altos funcionarios y dirigentes políticos, y las denuncias formuladas por Angie Rodríguez. En el frente institucional, el deterioro también fue evidente. La Fiscalía, la Procuraduría, las altas cortes, la Registraduría Nacional, el Consejo Nacional Electoral, el Congreso de la República y el Banco de la República fueron objeto de ataques y descalificaciones permanentes desde el poder. Sin pudor, el presidente Petro tildaba a diestra y siniestra de mafiosos a los servidores públicos que lideraban algunas de esas instituciones. La independencia de los órganos de control dejó de entenderse como un pilar del Estado de derecho y pasó a presentarse, con frecuencia, como un obstáculo para la acción del Gobierno. La política exterior tampoco escapó a esta crisis. Colombia terminó deteriorando las relaciones con Estados Unidos e Israel, principales aliados estratégicos en materia de seguridad, lucha contra el narcotráfico, cooperación e inversión. El sector de la salud constituye otro de los mayores pasivos del gobierno saliente. La intervención de las principales EPS, el deterioro en la prestación de los servicios, las reiteradas advertencias de la Corte Constitucional sobre la insuficiencia de la financiación y el fracaso del nuevo modelo de atención del Fomag para los docentes reflejan un sistema más frágil que el recibido hace cuatro años. El nuevo gobierno recibe una auténtica multicrisis: de seguridad, institucional, fiscal, administrativa y de confianza ciudadana. Superarla exigirá restablecer el principio de autoridad, combatir la corrupción, recuperar la confianza en las instituciones, fortalecer las relaciones con nuestros aliados y devolverle al Estado su capacidad de gestión. La alternancia democrática no resuelve por sí sola las crisis de un país; apenas abre la oportunidad de corregir el rumbo. Ahora el nuevo gobierno deberá demostrar que es posible recuperar la seguridad, restablecer el principio de autoridad, reconstruir unas instituciones debilitadas por la confrontación permanente y devolver la decencia, el mérito y la transparencia a la administración pública. Esa será la verdadera medida de su éxito. Si lo consigue, Colombia no solo habrá cambiado de gobierno, sino que habrá iniciado una verdadera reconstrucción institucional. * Ex fiscal general de la Nación. Profesor del Adam Smith Center for Economic Freedom, Florida International University (FIU)
El país que deja Petro
Francisco Barbosa*
El nuevo gobierno recibe una auténtica multicrisis: de seguridad, institucional, fiscal, administrativa y de confianza ciudadana.