Lunes, 10 de Agosto de 2026

Nuevo aniversario del muro de Berlín

UruguayEl País, Uruguay 10 de agosto de 2026

Entre 1961 y 1989 fueron más de 100 las personas de Alemania Oriental que fueron asesinadas a tiros, sufrieron accidentes mortales o se suicidaron al fracasar en su intento de cruzar la frontera.

El próximo jueves se cumplen 65 años del levantamiento del muro de Berlín. Todo el mundo siempre recuerda, en todo caso, el año de su caída que fue 1989, ya que se trató del símbolo más importante del fin de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos, y sobre todo el símbolo mayor del reclamo de libertad de los alemanes que sufrían el totalitarismo de la dictadura comunista alemana.

Sin embargo, no se tiene tan presente los motivos de la decisión comunista que de la noche a la mañana, literalmente, decidió levantar un muro para separar en dos y hacer infranqueable una parte de la ciudad de Berlín. Esos motivos sustanciales fueron los de siempre cuando se trata de describir al comunismo gobernante: en este caso se trató de los ciudadanos alemanes que, habiendo quedado del lado de Alemania oriental, es decir comunista, encontraban en la ciudad de Berlín un mecanismo para huir hacia Alemania occidental, es decir hacia un país democrático y de economía de mercado.

La disposición geográfica del final de la segunda guerra mundial había dejado a Berlín con un particular sistema de doble gobierno, con una zona de ocupación que terminó unificada bajo el mando de estadounidenses, ingleses y franceses, y con otra zona liderada por el poder soviético ruso. Con la partición de Alemania en dos en 1949, la ciudad de Berlín quedó en territorio de Alemania oriental.

No obstante, una parte de la ciudad siguió en manos aliadas y occidentales: alcanzaba entonces con lograr entrar a esa zona, caminando o en metro por ejemplo, para luego poder viajar directamente hacia territorio de Alemania occidental.

De esta manera, fueron más de dos millones los alemanes que a lo largo de la década de 1950 huyeron del régimen comunista para encontrar la libertad en occidente. En 1953, con la brutal represión comunista a la revuelta obrera, se alcanzó un pico de más de 300.000 personas que emigraron. En general, esa cifra nunca bajó de unas 100.000 por año, y la inmensa mayoría se escapó a través de esta vía válida del camino por Berlín.

Estos datos, no tan conocidos hoy en día, muestran hasta qué punto el régimen comunista era aborrecido por los alemanes: en el espacio de una década, más del 12% de la población de Alemania oriental huyó, mientras que Alemania occidental vivía una época de fuerte crecimiento económico, libertad política y gran crecimiento demográfico.

Para la Unión Soviética, que era el verdadero poder político y cuyas tropas militares estacionadas en Alemania oriental se contaban por miles, pero también para el gobierno comunista alemán, semejante éxodo masivo planteaba dos problemas sustanciales. El primero era de orden internacional: todos los años eran decenas de miles los que huían a occidente y narraban así de primera mano la ferocidad de la represión política y civil que se sufría del otro lado de la cortina de hierro, como se llamó en aquella época al espacio comunista.

El segundo, tan o más grave, era que no se vislumbraba una forma posible de frenar ese éxodo masivo que, de continuarse, acabaría naturalmente por desestabilizar demográfica y económicamente al régimen comunista alemán. Eso era, además, un pésimo ejemplo para países como Checoslovaquia o Hungría, que ya habían mostrado en esos años su voluntad de liberarse del yugo comunista.

La decisión fue terminante y llegó en la madrugada del 13 de agosto de 1961. Primero cortaron el tránsito, luego impusieron unas primeras barreras de alambres y finalmente se fue instalando todo un muro de hormigón en bloques. Se trató de impedir el pasaje a Berlín occidental y limitar así una libertad más de los alemanes que sufrían la dictadura comunista: familias enteras quedaron de un día para el otro divididas y en muchos casos por años no pudieron verse más. Pero eso no fue todo: entre 1961 y 1989 fueron más de 100 las personas de Alemania Oriental que fueron asesinadas a tiros, sufrieron accidentes mortales o se suicidaron al fracasar en su intento de cruzar la frontera (prefirieron así evitar caer en manos de la feroz policía comunista).

En 1989 la destrucción del muro también se procesó en una noche, el 9 de noviembre. Cuando el campo comunista ya no pudo soportar más la presión, que se había generado sobre todo ese verano boreal en la frontera húngara con Austria y a partir de la cual huyeron miles de alemanes, los comunistas alemanes decidieron liberar el paso hacia Berlín occidental. La gente, feliz, tiró el muro abajo. Fue el final de la ignominia.
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