Domingo, 16 de Agosto de 2026

Un caso de estudio para socialistas

ChileEl Mercurio, Chile 15 de agosto de 2026

La Primera Ministra danesa antepone el pragmatismo a los atavismos ideológicos.

Haría bien la centroizquierda chilena en estudiar el caso de Mette Frederiksen, la Primera Ministra socialdemócrata de Dinamarca. Mientras nuestro Socialismo Democrático intenta sustituir su falta de proyecto por la mera repetición de invectivas contra la "ultraderecha", Frederiksen no tiene problemas en alcanzar acuerdos con su par italiana, Giorgia Meloni, y hasta en reivindicar la herencia cultural cristiana de Europa, sin por ello renunciar a sus principios.
Al mando de su país desde 2019, se trata de una política exitosa. Aunque en las elecciones de marzo su partido tuvo un importante retroceso, sigue siendo la primera fuerza en el fragmentado panorama interno, y Frederiksen logró armar una coalición con la cual inició en junio su tercer período de gobierno. Clave en su posicionamiento ha sido la capacidad de advertir las grandes inquietudes de la población danesa para asumirlas en su agenda. Así, entendió que los problemas asociados con la inmigración irregular se habían transformado en una preocupación central. Pero, para escándalo de las ortodoxias de izquierda, no intentó deslegitimar esa inquietud ni se limitó a dedicarle alguna mención incómoda en su programa, sino que la hizo un punto central. De este modo, ha impulsado el endurecimiento de las normas sobre refugio político y reunificación familiar, así como controvertidas medidas para la deportación o para el traslado a terceros países de los solicitantes de asilo. Al mismo tiempo, sin embargo, ha defendido el modelo de Estado de bienestar, tradicional orgullo de la socialdemocracia europea. De hecho, lo ha unido con su discurso contra el descontrol fronterizo, afirmando que el desborde migratorio constituye una amenaza para la capacidad y calidad de los servicios públicos. En política exterior, en tanto, se ha enfrentado con decisión a Donald Trump y sus pretensiones sobre Groenlandia, además de sostener una postura de firme apoyo a Ucrania y haber aumentado el presupuesto de Defensa.
La declaración conjunta que esta semana suscribieron Frederiksen y Meloni ha sido el corolario de una relación que se ha venido estrechando en los últimos tres años, marcada por las coincidencias en materia migratoria. Al mismo tiempo, y aunque sin mencionarlo, fue un mensaje al gobierno socialista de Pedro Sánchez, cuyas políticas en este ámbito ambas cuestionan por su eventual impacto sobre el resto de Europa, preocupación que alcanzó su punto máximo durante la reciente crisis de Ceuta. Al optar por alinearse con Meloni y no con Sánchez, pese a ser compañeros de familia política, Frederiksen se ganó las críticas de la portavoz del grupo socialista europeo, la española Iratxe García Pérez, pero privilegió lo que estima son los intereses de sus ciudadanos. Más allá de lo que se piense de sus políticas, la Primera Ministra parece mostrar que el futuro de la socialdemocracia pasa por la flexibilidad y el pragmatismo, antes que por los atavismos ideológicos. Un camino muy distinto al que en Chile ha tomado una centroizquierda que, al parecer, prefiere seguir inclinada a la hegemonía del frenteamplismo y el PC.
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