Sancho Panza
El pobre de Sancho suele quedar injustamente relegado ante la gigantesca figura de Don Quijote
El pobre de Sancho suele quedar injustamente relegado ante la gigantesca figura de Don Quijote. Pero, y como Miguel de Unamuno nos lo recuerda en su magnífica "Vida de Don Quijote y Sancho", es él quien sostiene, finalmente, el gran sueño de la obra.
Sabemos que, hacia el término de la novela, Don Quijote "recupera la razón" y se desdice y desentiende de todo su pasado de aventuras y desafíos imposibles. En la dramática escena junto al lecho -en la que, incluso, Don Quijote llega a negar la existencia de la caballería andante-, Sancho, sin embargo, entre tristeza y desesperación, le enrostra que la mayor locura es dejarse morir. Y es aquí donde entra el otro don Miguel, Unamuno: "Y dicho lo de la locura de dejarse morir, volvió Sancho a las andadas, hablando a Don Quijote del desencanto de Dulcinea y de los libros de caballerías. !Oh, heroico Sancho, y cuán pocos advierten el que ganaste la cumbre de la locura cuando tu amo se despeñaba en el abismo de la sensatez y sobre su lecho de muerte irradiaba tu fe, tu fe, Sancho, la fe de ti, que ni has muerto ni morirás¡ Don Quijote perdió su fe y murióse; tú la cobraste y vives; era preciso que él muriera en desengaño para que en engaño vivificante vivas tú".
Esta es la gran lección que nos enseña Unamuno, y lo que hace verdaderamente grande a este hombrecito rudo y torpe pero leal y de corazón gigante. Pero es también lo que hace grande a Don Quijote: los ideales que son capaces de mover al mundo no tienen sentido si no consiguen heredero.