Teatros llenos
Es un hecho: el cine ha vuelto en todo el mundo a los deslumbrantes números de audiencias —y a las cifras de recaudo en las taquillas de las salas- que alcanzaba un año antes de la pandemia del covid-19—
Es un hecho: el cine ha vuelto en todo el mundo a los deslumbrantes números de audiencias —y a las cifras de recaudo en las taquillas de las salas- que alcanzaba un año antes de la pandemia del covid-19—. Los teatros a medias de los años pasados, que a duras penas volvían a la vida cuando se estrenaban superproducciones de superhéroes, versiones de producciones exitosas y largometrajes de terror, son imágenes de un capítulo marcado por el miedo a las multitudes y el ascenso vertiginoso de las plataformas. Todo parecía indicar que solo las películas para niños quedarían en pie en los multiplexes, y que el destino de las obras originales, de autor, era presentarse en streaming en aquellos servicios digitales. De cierto modo, al cine, como al libro, se le decretó su fin. Hubo un momento, hace un par de años, en el que era lógico pensar que simplemente se trataba de un arte del siglo XX, y que, como los otros seis, sobreviviría —a menor escala— gracias a unos públicos tan fieles como los de la ópera o el ballet. Pero, ante el éxito de taquilla de Spider-Man: un nuevo día, La Odisea, Toy Story 5, Michael y Super Mario Galaxy, cinco películas que han superado los mil millones de dólares de recaudo en este 2026, sería justo concluir que los espectadores han dejado atrás su miedo y su resignación a encerrarse a la hora de ver películas. Habría que agregar, de paso, que estos casos tan exitosos no son excepciones a la regla como las que ha habido en los años pasados, ni confirman la tendencia a llenar las salas a punta de secuelas y recreaciones de los viejos hitos: por el contrario, las altas cifras de taquilla de películas originales como Proyecto fin del mundo, Obsesión, Back-rooms, Hoppers, Cumbres borrascosas, El día de la revelación o El drama son la demostración de que los públicos están redescubriendo la gracia de sentarse frente a la gran pantalla en un teatro lleno de prójimos. editorial@eltiempo.com