Formato electoral
Un lema común permite construir una fórmula presidencial mixta, incorporando, la presencia en la fórmula de candidatos de más de un partido.
Desde hace mucho tiempo la competencia política en nuestro país se ha organizado en torno a dos bloques políticos, el Frente y la Coalición.
Hoy uno de los asuntos de discusión y análisis está puesto en qué grado de articulación y coordinación asumirá la Coalición en los próximos tiempos y de cara a las instancias electorales.
No hay duda de que la Coalición ha avanzado de manera muy visible en la coordinación parlamentaria, generando una dinámica muy positiva de consensos en sus posicionamientos y conductas frente a los diferentes temas de debate legislativo. Sin embargo, aún no ha logrado una coordinación política más permanente de los partidos que la integramos, para la toma de posición frente a aquellos temas que trascienden la discusión y decisión parlamentaria. Menos aún, se han alcanzado acuerdos o compromisos sobre las modalidades de comparecencia electoral en las próximas elecciones nacionales y departamentales.
Este debate posee particular relevancia puesto que la Coalición es la única alternativa posible para garantizar un cambio imprescindible para que nuestro país transite por un conjunto de reformas pendientes para su crecimiento y prosperidad futura. De todos modos, se han dibujado al menos dos líneas de reflexión sobre el formato electoral, que recogen opiniones marcadas en cada una de las alternativas.
Una de las posiciones defiende la necesidad de que cada partido comparezca con su propio lema, en la medida que la heterogeneidad de la oferta electoral permitiría abarcar un mayor número de apoyos en la Primera Vuelta para alcanzar la mayoría parlamentaria y luego sumarse en el apoyo al candidato de la Coalición más votado para la Segunda Vuelta.
Esta ha sido la opción que se adoptó en las últimas dos instancias electorales; y en ambos casos, la pérdida de votos entre la Primera y la Segunda Vuelta fue muy importante, al punto de que aún en 2019 cuando se había alcanzado la mayoría parlamentaria en octubre, su resultado en noviembre fue muy estrecho. Ni hablar de lo ocurrido en 2024 cuando se pasó de una mayoría de varios puntos porcentuales en Primera Vuelta a una derrota amplia cuatro semanas después.
A su vez, la postulación electoral en lemas separados tiene otro efecto negativo que consiste en que la distribución de las bancas de acuerdo con las reglas electorales vigentes en nuestro país, determina que los partidos coaligados que votan sin lema único pierdan varias bancas parlamentarias puesto que los restos no se asignan a los demás socios, sino que se pierden a favor del lema mayor que corresponde inevitablemente al Frente Amplio. Así ocurrió en la última elección nacional.
Sin embargo, esta reflexión no incorpora dos datos fundamentales que cambian las perspectivas de cara a las elecciones nacionales de 2029.
En primer lugar, un lema común permite construir una fórmula presidencial mixta, incorporando, a diferencia de lo ocurrido en las oportunidades anteriores, la presencia en la fórmula de candidatos de más de un partido, lo que permite un efecto de convocatoria que supera los límites de un solo partido.
Pero, en segundo lugar, un lema común permite desarrollar una campaña electoral de larga duración que transcurre durante cuatro meses, desde que se define el candidato común y su fórmula presidencial a fines de junio, hasta su comparecencia electoral a fines de octubre.
Este proceso se traduce en una campaña electoral de la Coalición con sus múltiples expresiones diversas que, sin embargo, se unifican tanto en Programa como en la fórmula presidencial, con el tiempo suficiente para convencer a todos los ciudadanos, con independencia de sus preferencias partidarias originales.
Obviamente esta arquitectura electoral se complementa con la existencia de múltiples listas parlamentarias que garanticen a los diferentes partidos que la integran su propia representación en el Parlamento. Esto y no otra cosa, es lo que ha hecho el Frente Amplio desde hace ya más de cincuenta años y ello no ha afectado la continuidad de las identificaciones de sus diversos integrantes.
La definición sobre el formato electoral es un debate ineludible que la Coalición debe afrontar. Sin apuro y sin restricciones. Con todos los argumentos arriba de la mesa y sabiendo que es una dimensión muy relevante de cuyo acierto depende una parte del resultado electoral a alcanzar.
Tenemos muy claro la necesidad de un relevo en el Gobierno como requisito imprescindible para el mejor futuro de nuestro país y su gente.
En tal sentido, alcanzar un acuerdo sobre la definición del formato electoral entre los integrantes de la Coalición es una premisa fundamental, las disyuntivas están planteadas.
Hay tiempo para reflexionar y trabajar con respeto y escuchando las diferentes voces que, por cierto, son todas atendibles en la búsqueda del resultado esperado.