Lunes, 17 de Agosto de 2026

El primer milagro del nuevo gobierno

ColombiaEl Tiempo, Colombia 16 de agosto de 2026

Hay sismos que no solo rompen la tierra: destapan el cadáver que un gobierno dejó pudriéndose bajo la alfombra

Hay sismos que no solo rompen la tierra: destapan el cadáver que un gobierno dejó pudriéndose bajo la alfombra. El terremoto reciente no fue solo un movimiento tectónico. Fue el primer espejo despiadado de la eficacia del nuevo poder y del desastre que Petro legó. La maquinaria de gestión del riesgo que entregó estaba carcomida hasta el hueso por la corrupción y la incompetencia. La UNGRD no era una entidad debilitada: era el monumento perfecto a cómo se convierte la prevención de desastres en botín. En La Mojana, durante años, cientos de miles de familias vivieron bajo el agua mientras los contratos de Caregato se firmaban, se cuestionaban, se terminaban unilateralmente y se volvían a firmar. Recursos que debían cerrar un boquete y salvar cosechas y viviendas terminaron en sobornos, en obras que nunca resolvieron nada y en la confesión pública de un director de la propia UNGRD: "Las inversiones en La Mojana se las han robado siempre, y en este gobierno también pasó". Petro hablaba de "gobierno de la vida". Mientras la vida se ahogaba en los caños de Sucre, Bolívar y Córdoba, o mientras alcaldes de Córdoba se sentaban en el piso esperando ser recibidos —tres horas después de la hora anunciada—, la respuesta no fue celeridad. Fue distancia, indiferencia y desprecio. El primer milagro del nuevo gobierno es haber llegado a tiempo. El nuevo presidente no esperó reportes filtrados ni comités eternos. El mismo día instaló el puesto de mando unificado, asumió personalmente el liderazgo, desplegó ministros a las zonas afectadas, viajó a Quibdó y a Pereira, declaró el desastre nacional y, poco después, la emergencia económica. Ordenó subsidios de arriendo, alivios en servicios públicos y la creación de un fondo para reconstruir lo destruido. No hubo discurso rimbombante sobre "el gobierno de la vida". Hubo presencia. Hubo decisión. Hubo Estado. Las medidas han sido contundentes. El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe anunció 500.000 dólares para atender necesidades humanitarias. Se activó un crédito de 450 millones de dólares con el Banco Mundial. Estados Unidos desplegó un Equipo de Respuesta de Asistencia ante Desastres (Dart) y anunció 15,5 millones de dólares para refugio de emergencia, alimentos, protección y evaluación de daños. El papa León XIV envió 100.000 euros destinados directamente a la Conferencia Episcopal. La Unión Europea se prepara a movilizar 2 millones de euros. El Salvador enviará dos aviones con 100 toneladas de ayuda. Perú, un avión con 12,5 toneladas y 62 rescatistas. Ecuador, 47 rescatistas, perros especializados y equipos de bomberos de Quito. Mientras Petro aprovechaba cualquier tragedia para inventar impuestos y engordar el Estado, el nuevo gobierno anunció que buscará recursos mediante la priorización y reasignación de partidas del Presupuesto de 2026. No creará nuevos impuestos. Consciente de que el sector privado debe concentrarse en las víctimas y no en alimentar la burocracia, la Dian anunció que las empresas que donen podrán descontar hasta el 37 % del aporte en renta. La ayuda debe ir a las víctimas, no a la maquinaria estatal. Se anunciaron subsidios de vivienda, el apoyo de cientos de miembros de la Fuerza Pública en el rescate y la reconstrucción, y el traslado de heridos y enfermos a Medellín. Gobernar no es narrar la tragedia desde lejos. Es llegar a tiempo. Es convertir la indignación en logística y la promesa en decisión. El costo de la corrupción y de la ineficiencia no se paga solo en billones. Se paga en las horas que separan el momento en que la tierra se mueve del momento en que el Estado aparece de verdad. Ese costo lo pagaron los campesinos de La Mojana durante años. Ese es el costo que el gobierno de Abelardo De La Espriella está tratando, con todas sus fuerzas, de no repetir. La historia no juzgará a los gobiernos por lo que dijeron cuando la tierra tembló. Los juzgará por lo que hicieron mientras todavía había alguien vivo bajo los escombros.
Llegar a tiempo
Luis Felipe Henao Cardona
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