Distracciones
Las distracciones son muy importantes en la vida diaria, pues ellas de alguna manera distienden el peso del trabajo durante la jornada y rejuvenecen sin explícita intención el tránsito más cotidiano de una persona
Las distracciones son muy importantes en la vida diaria, pues ellas de alguna manera distienden el peso del trabajo durante la jornada y rejuvenecen sin explícita intención el tránsito más cotidiano de una persona. Son como las hermanas pequeñas de nuestras ocupaciones, ya que lo sacan a uno de sus quehaceres fundamentales y aligeran momentáneamente la concentración en los propios deberes. Una distracción sana es, por tanto, casi igualmente trascendente que la tarea a la que uno se dedica de modo prioritario.
Nadie puede estar todo el día cumpliendo únicamente con sus obligaciones. Ha de tratar de darse a sí mismo un tiempo, ojalá breve, con el que simplemente "salga" un momento de su labor para volcarse sobre un pequeño pasatiempo (incluso la amena conversación con un amigo o una pequeña caminata por el entorno inmediato) para luego volver con nuevos bríos al trabajo con el cual se "gana" la vida.
El amor a la vida implica y supone no solo querer lo que uno realiza con su vocación, sino también amar esas otras "vocaciones" menores que son los esparcimientos que uno cultiva sin otro afán que oxigenarse a ratos, para apuntar después con más fuerza en ese cometido que es el punto central de la actividad de cada día y que define a cada hombre de modo tan significativo.