¿Y si crecemos al 7%?
Lue Araújo
Quiero expresar mi solidaridad con las víctimas del terremoto y sus familias
Lue Araújo
Quiero expresar mi solidaridad con las víctimas del terremoto y sus familias. Y reconocer al Gobierno, a los empresarios y a tantos ciudadanos que han trabajado para salvar vidas y reconstruir. Genera esperanza comprobar que las crisis todavía nos unen. Usemos esa misma energía, ese espíritu patriótico, para atender otra urgencia: crecer. El crecimiento no es taquillero. Es aburrido. Suena a economistas, ministros y empresarios. Como si no tuviera nada que ver con la vida de un colombiano común. Tiene todo que ver. En 1960, según el Banco Mundial, el PIB real por habitante de Colombia era casi el doble del de Corea del Sur. En 2025, el de Corea fue más de cinco veces el nuestro. No somos países iguales y Corea cometió muchos errores que nosotros no debemos copiar. Pero sí debemos preguntarnos, ¿qué tuvo que pasar para que dos trayectorias terminaran siendo tan distintas? Mi hipótesis es que Corea cambió de resultados porque primero cambió sus paradigmas. Corea dejó de pensar en la pobreza como una identidad y comenzó a tratarla como una circunstancia que podía cambiar. Dejó de medirse consigo misma y decidió competir con el mundo. Dejó de preguntarse qué sabía hacer y empezó a construir las capacidades que necesitaba: educación, acero, barcos, automóviles, tecnología. Y convirtió las metas en resultados medibles. Ahí hay una lección enorme. La prosperidad no es solamente lo que un país tiene. Es lo que un país sabe hacer. Cada problema que aprende a resolver deja una capacidad nueva. Y esa capacidad permite resolver el siguiente. Al 7% anual, la economía colombiana se duplicaría en poco más de diez años. Eso no es una cifra: es otra Colombia. Una en la que nuestros hijos encuentren más oportunidades aquí que afuera; donde una empresa pueda crecer, contratar y competir con el mundo; y donde el Estado tenga muchos más recursos para garantizar seguridad, educación, salud e infraestructura, incluso para estar mejor preparados y reducir el impacto de terremotos como este. Crecer no lo garantiza. Pero sin crecer, será muchísimo más difícil. Acá es donde esto se vuelve real para cada uno. Toda meta tiene un precio. Y ese precio no se le puede cargar a "los demás" mientras yo me excluyo. Gobierno y oposición tendrían que poner resultados por encima de dogmas. Los empresarios, competir e innovar en lugar de proteger lo existente. Los sindicatos, soltar privilegios y enfocarse en una mayor productividad. Tendríamos que atraer talento, formalizar, cambiar normas, medir, experimentar, aprender y renunciar a aquello que beneficia a "mi grupo" pero limita al país. Una meta ambiciosa sirve para lo que JFK dijo sobre llegar a la Luna: organizar y medir lo mejor de nuestras energías y capacidades. Colombia puede crecer al 7%. La clave es definir qué precio estamos dispuestos a pagar para producir ese resultado. Tal vez ha llegado el momento de dejar de administrar los resultados que tenemos y empezar a cambiar los paradigmas que los producen. En línea con JFK: este debería ser un desafío que estemos dispuestos a aceptar, que no queramos posponer y que pretendamos ganar.
Fundador Boost Your Mind™ @luearaujo | luearaujo.com