Algo va a cerrar
Lo que está pasando con la cerveza no es una excepción, es una postal más de un proceso que lleva décadas.
La noticia del cierre de la planta de FNC en Minas tiene todos los ingredientes para conmover: 59 familias, una ciudad chica, una marca que es parte del paisaje nacional, un sindicato en sesión permanente y un ministro que promete que los trabajadores son la prioridad. Todo eso es verdad y merece atención. Pero si la discusión se queda ahí, nos perdemos lo importante.
Lo que está pasando con la cerveza no es una excepción, es una postal más de un proceso que lleva décadas. Uruguay dejó de ser, hace mucho, un país con una industria manufacturera intensiva en empleo de baja calificación. La industria pesaba un cuarto del producto en los ochenta y hoy anda en el 10%. El empleo industrial cayó alrededor de un cuarto desde el pico de 2008 y no para de bajar.
La que goza de buena salud es la industria directamente asociada a algún proceso agroexportador; con algunas notables excepciones de industrias manufactureras tecnificadas, con poco personal altamente productivo. Eso no es una tragedia, es el lado B de la transformación que hizo de Uruguay un país más rico y más abierto desde la vuelta de la democracia. La economía realoja factores todo el tiempo, y ceder ante la tentación de pretender frenar ese movimiento es elegir el estancamiento.
Pero hay una parte de la historia que sí elegimos. En algunos sectores de sindicatos poderosos se acordaron aumentos salariales muy por encima de lo que la productividad podía sostener. Estos fueron celebrados como "conquistas" y como ejemplos de "diálogo social maduro". El problema es que cuando la bonanza se termina, el ajuste no viene por precio sino por cantidad. No se baja el sueldo, se cierra la planta.
Los bancarios son el caso más claro. El sistema emplea hoy poco menos de 7.000 personas, varias veces menos que hace un par de décadas. Claro que la digitalización explica buena parte de esto, pero acá sustituir gente por pantallas fue un negocio especialmente redondo porque tenemos el empleado bancario más caro del mundo.
La bebida lo estamos viendo en vivo. La cerveza importada pasó de 3% del consumo en 2010 a más de la mitad el año pasado. La empresa dice que producir acá cuesta el doble que en Argentina o Brasil y que su categoría más baja cobra más de tres salarios mínimos. Pidió revisar el convenio; el sindicato dijo que eso es una rebaja. Tiene razón. Y el ajuste viene por los 59 de Minas.
La construcción está en un camino parecido. El SUNCA lleva años desafiando las pautas y ganando salario real aun en plena pandemia. Hace unos días firmó la rebaja de la jornada laboral sin pérdida de sueldo hasta 2031. Claro, se trata de un sector no transable cuyo dinamismo rara vez depende de su productividad. Han sido la obra pública y el gran dinamismo del sector vivienda los que han mantenido buenos niveles de empleo en el sector, pero no hay magia. Nos estamos acostumbrando, y solo se agudizará, a la construcción liviana y a los metodos prefabricados.
Cuando baje la marea, vamos a ver cuánto de ese empleo era sostenible al precio al que lo pusimos.
La mejor forma de solidarizarnos con los trabajadores de Minas es no repetir errores para que estas historias no se repitan cada vez más seguido.