Lunes, 24 de Agosto de 2026

Una época de rupturas y oportunidades, según Cepal, donde el Estado debe reconfigurar la forma de enfrentar esos retos

UruguayEl País, Uruguay 24 de agosto de 2026

La región está en una trampa de baja capacidad para crecer, y enfrenta importantes restricciones internas y estructurales: debilidad de la inversión, escaso crecimiento de la productividad, limitados espacios fiscales y elevada informalidad, destaca el Secretario Ejecutivo de Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs

El último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ajusta a la baja las previsiones de crecimiento en su desempeño para este año, y advierte que en 2027, la región completará un quinquenio creciendo en promedio 2.3%. "Eso no se explica solo por la complicada e incierta coyuntura", destacó el Secretario Ejecutivo de la institución, el economista costarricense José Manuel Salazar-Xirinachs. "La región está en una trampa de baja capacidad para crecer, y enfrenta importantes restricciones internas y estructurales, entre las que destacan la debilidad de la inversión, el escaso crecimiento de la productividad, los limitados espacios fiscales y la elevada informalidad", enumeró. Salazar-Xirinachs refiere a un contexto de "rupturas y oportunidades", donde el Estado debe ajustar su rol. A continuación, un resumen de la entrevista.

En su "Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026 recientemente publicado, Cepal pronostica un crecimiento promedio menor en 2026 que en 2025, lo que reafirma la baja capacidad para crecer que tiene la región.

La región registra un largo periodo de bajo crecimiento. Entre 2014 y 2023, el PIB regional se expandió a una tasa promedio anual del 0,9%, y es por eso que a dicho periodo le hemos llamado una "segunda década perdida", después de la vivida durante los años ´80. A su vez, los años post pandemia también han mostrado un bajo crecimiento y, con base en nuestras proyecciones, en 2027 la región completará un quinquenio creciendo en promedio 2,3%.

Remarcan que los problemas de crecimiento de la región están más allá de la incierta coyuntura.

Sí. En función de esta dinámica de larga data, claramente los problemas de crecimiento de la región van más allá de la coyuntura, si bien hay elementos coyunturales, como el actual contexto internacional, que explican en parte nuestros pronósticos de crecimiento para 2026 y 2027.
La región está en una trampa de baja capacidad para crecer, y enfrenta importantes restricciones internas y estructurales, entre las que destacan la debilidad de la inversión, el escaso crecimiento de la productividad, los limitados espacios fiscales y la elevada informalidad, que reducen la capacidad de los países para tener un crecimiento alto y sostenido y responder a nuevos choques.
Y un tema relevante, y que hemos tratado a profundidad en este Estudio Económico, es el impacto de la informalidad en los mercados laborales y su relación con la dinámica del crecimiento económico y de la productividad. Otro punto importante es que históricamente, las mayores reducciones de la informalidad están asociadas con períodos de crecimiento elevado y sostenido por varios años, que lleva a mayor productividad y a la creación de más empleo formal. Pero una alta informalidad es un factor que en sí mismo reduce la capacidad tanto para crecer, como para generar aumentos sostenidos de productividad. Esto porque concentra recursos en unidades productivas con menores posibilidades de invertir, innovar y aprovechar economías de escala.
Es por ello que salir de la trampa de bajo crecimiento requiere de políticas de formalización productiva. Y para esto no basta con simplificar trámites o reducir los costos de formalización. Es necesario articular políticas laborales, fiscales, financieras y de desarrollo productivo que amplíen el acceso al crédito, la tecnología, la capacitación y los mercados, permitan a las empresas crecer y eleven la productividad. También se deben fortalecer las capacidades institucionales para coordinar estas políticas y sostenerlas en el tiempo.

¿De qué forma la coyuntura global impacta en la región?

Estamos en un mundo muy cambiado. Ya no se limita a cuál es el crecimiento económico de este año o el año entrante, sino que hay que tener en cuenta muchas otras cosas. Hay una rivalidad geopolítica tremenda que está impactando mucho, entre China y Estados Unidos en todas las áreas, en temas de desarrollo productivo, de telecomunicaciones, de tecnología, de inteligencia artificial.
También hay una política de Estados Unidos que se sintetiza en esta nueva estrategia de seguridad hacia el hemisferio occidental, la "Doctrina Donroe" que está poniendo presiones muy particulares sobre los gobiernos de América Latina en diferentes temas, en relación con minerales estratégicos, telecomunicaciones, tecnologías, contratos de infraestructura. Todo ello configura una nueva realidad muy difícil de gestionar para nuestros países.
Y esto ocurre con un proceso de globalización y un sistema multilateral de comercio muy diferente al que estábamos acostumbrados.
En una muy reciente publicación de Cepal, pretendemos instalar una conversación sobre cómo reaccionar ante estas realidades.

El libro al que refiere (Rupturas y oportunidades) caracteriza la nueva realidad del mundo en ocho "rupturas" y una de las que se identifica es el fin del consenso sobre el cambio climático.

Hablamos de "Rupturas en la economía mundial y a la vez, oportunidades de desarrollo. Reconocer que el mundo cambió implica que no podemos seguir haciendo política de crecimiento, de desarrollo productivo, igual que antes.
En el caso que refiere, es una realidad que viene desde hace unos años, pero ahora se ha fortalecido con Estados Unidos abandonando el Acuerdo de París, sumado a otros países y gobiernos que cuestionan el cambio climático, junto con el fuerte lobby de los combustibles fósiles.
Pero en ese contexto, podemos identificar una fuerte revalorización de activos que están en nuestra región. Y allí aparecen oportunidades.

¿Por ejemplo?

En primer lugar los recursos naturales. Los minerales estratégicos, como tierras raras, cobre, litio, muy demandados para la industria tecnológica, incluida la armamentística. También son activos de nuestra región el agua, la biodiversidad, los alimentos.
La segunda categoría de activos es todo lo que hace a ideas productivas que se han desarrollado. Brasil exporta equipos aeroespaciales y aviones, México también; está la industria automotriz, la de dispositivos médicos, software, los desarrollos en agricultura.
Pero también está lo que denominamos "softpower", que hace a nuestra identidad: literatura, música, industrias recreativas.
Entonces, el argumento es que tenemos muchos activos que se pueden aprovechar y maximizar para crear empleo, para dinamizar el crecimiento, pero que eso no va a ocurrir espontáneamente ni las ni por las fuerzas del mercado solamente, sino que hay que tener estrategias claras, capacidades institucionales y gobernanza efectiva, para poder aprovecharlo. Y entender la coyuntura.
Antes decíamos que teníamos que abrirnos al mundo y para ello necesitábamos inteligencia comercial. Es verdad, pero además, hay que tener músculo geopolítico para poder sacar provecho de lo que está pasando en el mundo.
¿Consideran que la nueva realidad también modifica el papel que históricamente Cepal le ha adjudicado al Estado?

Sí, cambia. Vale recordar que el consenso de Washington atacó la visión de la Cepal en su momento. Creían en un estado reducido y dejar actuar más libremente al sector privado. Que con liberalización, privatización, apertura financiera y comercial, el mercado iba a hacer el milagro del desarrollo. No funcionó de esa manera. Y se vio que para los países en desarrollo, era un simplismo. La gran ironía es ver ahora Estados Unidos haciendo política industrial con mano pesada. Había que competir con China, entonces aparecieron las legislaciones que protegieron a la industria local y volcaron subsidios gigantescos.
Y a todo eso se sumó el segundo gobierno de Trump y utiliza un instrumento de política industrial que ya ni la Cepal recomienda. Por tanto, resultamos nosotros más amigables con el libre comercio que Estados Unidos.

¿Qué recomienda Cepal ahora?

Los retos siguen siendo dinamizar sectores, aumentar productividad, agregar valor, pero debemos cambiar la forma de enfrentar esos retos.
Recomendamos políticas de desarrollo productivo. Pero poniendo la gobernanza por delante, apuntando a la colaboración, las iniciativas clúster, el trabajo desde los territorios. Pero no recomendamos aranceles.
Otro punto que está incluido en nuestras recomendaciones de desarrollo productivo es tener en cuenta que con la revolución tecnológica, todas las ventajas que los clásicos del desarrollo encontraban en la industrialización, porque allí estaban las economías de escala, el comercio, el empleo de alto talento, etc., todo eso cambió.Hay que apostar también a los servicios modernos, la tecnología aplicada a la agricultura, la bioeconomía, la biotecnología, la automatización, en medio de una revolución tecnológica que es transversal.

Ante la fuerte demanda de recursos naturales, ¿no observan un riesgo de primarización?

No se trata de que haya un riesgo de primarización, yo creo que para ciertos países que son muy mineros, como Perú o Chile, es factible que ocurra.
Porque la enorme demanda, las exportaciones gigantescas, las inversiones que se vienen, ligadas a esos sectores no es algo que deba menospreciarse.
Es una reprimarización buena, porque eso significa millones y millones de exportaciones adicionales. La pregunta es ¿qué hacen los países con esa riqueza?
Porque van a obtener mucho más fondos a partir de los impuestos y los royalties de esa producción, además de su impacto en la economía. Esos recursos deberían volcarse a desarrollo, políticas sociales, construir infraestructura, invertir en educación, en salud, sacarle provecho para el bienestar del país.
El segundo punto es, ojalá que no se queden nada más que en una reprimarización extractiva. Se deben explorar las posibilidades de añadir etapas de industrialización, aunque no es sencillo con actores que han desarrollado todos esos procesos sofisticados y a escalas enormes.
Es importante entonces diversificar, tantos en socios y alianzas comerciales como productos. Los dos países que nombramos tienen una industria agrícola con sectores desarrollados, y políticas comerciales muy abiertas.

Las tensiones entre Estados Unidos y China, ¿en alguna medida están poniendo en aprietos a nuestros países?

Nos preocupa cómo nuestros países pueden tener una mayor incidencia en sus decisiones, cómo desarrollar una política inteligente ante las presiones. Esas presiones son fácilmente verificables en distintos ámbitos, en la instalación de un cable submarino, en un contrato con una empresa de telecomunicaciones, en respaldo a un determinado país en problemas, etc.
Nuestros países deben moverse con diplomacia, explorando una realidad que es muy compleja y observando qué hacer en cada caso. Lo importante es distinguir los temas de seguridad, de los temas económicos, de los temas de valores.
Desafortunadamente, la identificación de valores que había con Estados Unidos de hace no muchos años ha cambiado, sencillamente porque en la actualidad, Estados Unidos los expresa en forma diferente.

La coyuntura contiene un elemento insoslayable que es el climático. ¿Han tomado en cuenta el fenómeno de El Niño en sus previsiones?

Efectivamente, en algunas zonas será sequía, en otras, exceso de agua, pero tendrá incidencia en la economía. En las costas del Pacífico, Ecuador, Perú, el exceso de lluvias traerá inundaciones masivas, desbordamiento de ríos, aumento del nivel del mar de hasta 30 cm en algunos lugares. En el norte de Sudamérica, como Colombia, Venezuela, el norte de Brasil, se advierte sobre una reducción drástica de caudales.
La sequía también se manifiesta en Centroamérica también, en condiciones extremas. En el cono sur, en Chile, Argentina, Uruguay, sur de Brasil, un importante aumento de lluvias.Todo esto tiene impacto en el PIB; algunas estimaciones advierten de una pérdida acumulada hasta del 2% del producto interno bruto regional en 3 años.
El Niño podría sumar hasta 4.8 millones de personas más a la pobreza, especialmente por el impacto en alimentos y energía, que se reflejan en la inflación.
Hay que estar preparados, se va a necesitar acción por parte de los Estados.
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