La startup argentina que surgió en plena pandemia y hoy trabaja con más de 50 restaurantes distinguidos por la Guía Michelin y The World’s 50 Best
Mientras Nicolás D’Auro y Rafael Gijón estudiaban ingeniería nuclear en el Instituto Balseiro, había una idea que les quitaba el sueño: crear su propia empresa
Mientras Nicolás D’Auro y Rafael Gijón estudiaban ingeniería nuclear en el Instituto Balseiro, había una idea que les quitaba el sueño: crear su propia empresa. La iniciativa surgió en el mismo campus de la universidad, entre libros de matemática, física y química. "Éramos compañeros de cuarto y hablábamos hasta cualquier hora sobre qué podíamos hacer", cuenta D’Auro a LA NACION.
Se recibieron en 2020, en plena pandemia de Covid-19. Con el correr de los meses, supieron leer dicho escenario de crisis y detectaron una oportunidad de mejora en una industria clave: la gastronomía.
D’Auro conocía el sector en profundidad no solo por haber nacido en Italia, sino también porque la familia de uno de sus mejores amigos, Pablo Sahakian, es dueña de Manolo, el reconocido local de churros ubicado en Mar del Plata.
"El contexto del mundo cambió y los problemas que antes no eran problemas pasaron a serlo. En esa época, escuchaba mucho la problemática de la familia de Pablo manejando la pandemia, con tres restaurantes grandes", apunta D’Auro.
Cuando los comercios comenzaron a reabrir sus puertas progresivamente, las reservas se convirtieron en una obligatoriedad para una mejor organización de los restaurantes. Pero ambos ingenieros intuían que aquella modalidad había llegado para quedarse, por lo que había una necesidad de innovar.
En paralelo, identificaron otros dos desafíos que persisten hasta hoy: atraer a nuevos clientes y construir relaciones duraderas con quienes ya cruzaron la puerta del local, en especial en un contexto en el que el sector gastronómico perdió entre el 30% y el 40% de sus comensales en los últimos dos años, según la Cámara de Restaurantes.
Hospitalidad: la clave del éxito
Para D’Auro, Gijón y Sahakian, la solución a todos esos frentes no estaba en la propuesta gastronómica, la ubicación, las promociones o los descuentos, sino en el trato y la atención al cliente. "El gastronómico exitoso es aquel que logra que la clientela vuelva", indica D’Auro.
Fue así como surgió Woki, una plataforma que busca profesionalizar la relación con los comensales antes, durante y después de cada visita. La iniciativa gira en torno al concepto de "sistema de hospitalidad gastronómico", una categoría que va más allá de la gestión de reservas y que fue propuesta por Gastón Parisier, fundador de Bigbox e inversor del proyecto.
En concreto, la propuesta consiste en brindar a cada comensal una experiencia personalizada basada en el uso de datos, inteligencia artificial (IA) y automatización.
"Durante años, los restaurantes se gestionaron a ciegas: la tasa de retorno, la base que se apaga, las quejas que se repiten en las reseñas. Nadie las veía hasta que era tarde. Lo que cambia con la IA es que esos datos ahora golpean la puerta del dueño y le dicen: esto es lo importante, actuá", explica D’Auro.
Entonces, ¿cómo funciona Woki? La información llega por tres vías: la carga el propio cliente al reservar, como alergias o restricciones alimentarias; la carga el restaurante, incluso con una nota de voz que la IA interpreta y guarda donde corresponde; y llega sola, por integraciones con los otros sistemas del local —como el punto de venta—, que permiten saber, por ejemplo, cuál es el plato más pedido de cada cliente.
La clave es que cada miembro del staff visualiza únicamente los datos que le son útiles. "A la cocina no le importa que sea el cumpleaños del comensal, le importa que tiene una alergia. Al recepcionista le importa saber que al comensal le gusta sentarse en tal lugar. Lo importante es la coordinación", ilustra su cofundador, y añade que "la reserva es el medio, no el fin".
A su vez, si el sistema detecta que un cliente frecuente dejó de visitar un restaurante, le envía automáticamente un mensaje por WhatsApp o email invitándolo a volver.
Woki ya es utilizada por 1500 restaurantes de la Argentina, Chile y Uruguay, entre ellos Trescha, Anchoíta, Gardiner, Happening y bodegas como Lagarde, así como también más de 50 establecimientos distinguidos por la Guía Michelin y The World’s 50 Best.
Bajo esa línea, cuenta con un equipo de 22 personas y proyecta cerrar 2026 con una facturación superior al millón de dólares, con un crecimiento de más del 100% respecto a 2025. Además, en octubre pasado levantó US$800.000 en una ronda de inversión liderada por Parisier y referentes de la industria gastronómica.
Barrera tecnológica
Pero poner en marcha el proyecto no fue tarea sencilla. En 2020, no existía la IA tal como se la conoce hoy, por lo que fue necesario contratar a especialistas en software, armar un equipo y aprender a manejar una sociedad.
Por otro lado, la gastronomía es una de las industrias más tradicionales que existen. Anotar pedidos en una libreta, las recetas que se transmiten de generación en generación y el trato único y personal de los mozos con ciertos clientes son algunos ejemplos de ello.
"El gastronómico es el mejor creando un concepto, una decoración, la comida, pero siempre hubo una barrera tecnológica. Nos encontramos con restaurantes que cargan datos en un Excel, un papel o una agenda. Lugares muy desestructurados y difíciles para después ir a buscar la información", señala D’Auro.
En ese sentido, el gran desafío fue crear un software capaz de adaptarse a todo tipo de locales, "cada uno con su propia vida, reglas y costumbres". "No queríamos que el restaurante se adapte a la dinámica de Woki, sino al revés. Nosotros somos la plataforma tecnológica, el que aparece en escena es el restaurante", desliza su cofundador.
Y suma: "Queríamos que la tecnología les permita a todos los restaurantes dar una gran hospitalidad, sin depender de la memoria de las personas".
Próximos pasos
En lo que refiere a los próximos pasos, Woki busca superar los 100 restaurantes en Chile antes de fin de año, mientras que en Uruguay el objetivo es conquistar a los principales locales del país para la temporada de verano.
De cara a 2027, la firma proyecta expandirse hacia nuevos países dentro de Latinoamérica, como México y Perú, aunque también su equipo ve una oportunidad en Estados Unidos.
Respecto al uso de la IA en el sector, D’Auro considera que esta tecnología permite "que los dueños y el staff puedan concentrarse en lo que el humano hace bien, y delegar todo lo que el humano no quiere hacer". Sin embargo, advierte que se trata de "un momento bisagra": "O somos víctimas del avance de la IA, o somos el medio para que el gastronómico siga evolucionando tecnológicamente".
"Hay que hacer un poco de fuerza para que la gente se anime a dar ese salto. De todas maneras, ya vemos al gastronómico involucrándose, haciendo preguntas de cómo podemos potenciar cierta cosa con IA. Hay un interés genuino y creo que nosotros tenemos que ser facilitadores de ese salto tecnológico", concluye.