Viernes, 28 de Agosto de 2026

"Estaría muy complacida": la carta que Yayoi Kusama mandó al Di Tella en 1967 para exponer en la Argentina

ArgentinaLa Nación, Argentina 27 de agosto de 2026

Entre junio y septiembre de 2013 doscientas diez mil personas peregrinaron a Malba convirtiendo a Obsesión Infinita, la primera exposición de Yayoi Kusama en Buenos Aires, en la tercera más vista en la historia del museo por detrás de la retrospectiva de Leandro Erlich y la muestra de diseño Del cielo a casa

Entre junio y septiembre de 2013 doscientas diez mil personas peregrinaron a Malba convirtiendo a Obsesión Infinita, la primera exposición de Yayoi Kusama en Buenos Aires, en la tercera más vista en la historia del museo por detrás de la retrospectiva de Leandro Erlich y la muestra de diseño Del cielo a casa. La Kusamamanía extendía sus legendarios lunares (dots) desde las salas del museo a los árboles alineados como guardianes sobre la avenida Figueroa Alcorta, que se veían como una extensión del vecino Jardín Japonés con sus sakuras. Y junto a ellos la fila incesante y paciente (¿algo del budismo zen los habría contagiado?) de público esperando por la impactante experiencia estética puertas adentro. Al tanto de todo, Kusama sin embargo no viajó a Buenos Aires y permaneció recluida en Tokio. Acaso pensando en cómo hubiera sido estar en la ciudad austral donde sus paisanos establecieron una constelación de tintorerías y a la que había querido conocer 46 años antes, en enero de 1967.

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Ese verano porteño, el Centro de Artes Visuales que Jorge Romero Brest dirigía en el edificio del Instituto Di Tella (Florida 936) permaneció inactivo. La muestra de 150 grabados de Picasso (1922-1965) que había convocado a una multitud de 113.201 personas en veinte días había cerrado el 11 de diciembre y la sala (que en el Di Tella llamaban "museo") volvería a abrirse recién el 1° de marzo con un recorte de la Colección Di Tella (alojada hoy en Bellas Artes) y la exposición "Artistas alemanes contemporáneos". En el medio, acaso, lo más significativo que se vio en el Di Tella fue un sobre en papel carta que fue llevado desde el Palacio de Correos hasta el escritorio de Recha Paolini, la infranqueable secretaria de Romero o Coco. La correspondencia estaba cerrada con estampillas de los Estados Unidos y había sido enviada vía aérea con fecha 23 de enero desde el servicio postal de Nueva York, 8358 kilómetros al norte de la capital argentina.

Nacida en la ciudad de Matsumoto, prefectura de Nagano, en 1929, Yayoi Kusama se había convertido para mitad de los 60 en una de las figuras avant garde de la escena de Tokio junto a Yoko Ono -cuya notoriedad como artista relacionada con el movimiento Fluxus se volvería fama y signo generacional al integrarse al círculo íntimo de Los Beatles como pareja de John Lennon, a quien había conocido en Indica, una galería de arte londinense que tenía a Paul Mc Cartney como mecenas contracultural-. Para entonces, la chica de los lunares había dejado Japón para sumarse a la internacional neodadá que rancheaba en Nueva York, con algunos argentinos entrando y saliendo de la escena: Yuyo Noé, Jorge de la Vega y, sobre todo, Marta Minujín, posicionada en la subcultura psicodélica y con acceso directo a la pareja que consumaba el pop como forma de vida y hacía carne el cruce entre el rock and roll y las vanguardias.

Desde su taller ubicado en el East Village, Kusama se levantó una mañana fría de enero y mecanografió una breve carta con destino a la ciudad que el crítico francés Pierre Restany había consagrado como la Nueva York austral en 1965, cuando invitado a ser jurado del Premio Di Tella escribió un largo artículo en la revista-libro Planeta en la que puso en circulación su revelador concepto de "pop lunfardo". Kusama quitó la hoja de la máquina de escribir y la guardó en un sobre que cerró con la lengua, para dejarla caer horas después en un buzón.

Fechada 27 de enero de 1967 con remitente Yayoi Kusama 404 East 14 street la carta debió haber llegado al escritorio de Recha ya en el mes de febrero y el "maestro", como lo llamaba ella, Romero Brest habrá encendido su pipa acaso sorprendido por la carta de la salvaje performer japonesa que hoy hubiera sido un whatsapp.

Apoltronado en su escritorio (casi un trono para la escena de los 60), el mandarín modernista leyó esto mismo que leemos ahora.

Instituto Torcuato Di Tella:

Querido Jorge Romero Brest,

¿Cómo estás? Fue muy placentero que hayas pasado por Nueva York y aprecio que hayas visitado mi estudio para observar mi trabajo. ¿Te gustó Nueva York? Espero que estés de regreso pronto.

Estoy muy interesada en tu instituto y en tu muestra. Tenés una gran reputación dentro de la vanguardia y las cosas nuevas en el arte internacional. Estaría muy complacida de tener la chance de exhibir en tu país ya que nunca antes estuve allí.

Sinceramente tuya

Yayoi Kusama

La carta de Yayoi Kusama fue por suerte archivada por Recha Paolini y sobrevivió en el sobre con la correspondencia del Centro de Artes Visuales hoy alojado en el archivo del ITDT en la biblioteca de la Universidad Di Tella. No se encontró al momento de este hallazgo, entre 2018 y 2019, la respuesta de Romero Brest, aunque fuera un duplicado. Lo que haya pensado al leerla se perdió en el viento. Lo que Yayoi Kusama creía sobre Buenos Aires y el Di Tella es bastante claro: un foco de la vanguardia internacional en el que tenía que intervenir y en el que quería ser mostrada. Es más difícil precisar de qué hablaba la japonesa cuando escribió "tu muestra", pero es posible especular con que Romero visitara galerías y talleres buscando candidatos para la edición 67 del Premio Internacional Di Tella, la última y en la que Kusama no participó.
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