Viernes, 28 de Agosto de 2026

Aranceles que no dejan ganadores

ColombiaEl Tiempo, Colombia 28 de agosto de 2026


Rafael Herz
La disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos ha dejado de ser una simple negociación sobre impuestos a las importaciones para convertirse en una prueba de fuerza entre dos vecinos cuya economía está profundamente integrada


Rafael Herz
La disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos ha dejado de ser una simple negociación sobre impuestos a las importaciones para convertirse en una prueba de fuerza entre dos vecinos cuya economía está profundamente integrada. En agosto de 2026, las negociaciones volvieron a fracasar y EE. UU. impuso aranceles de hasta 50% sobre determinados productos canadienses. Canadá respondió anunciando nuevas medidas de represalia. Pero detrás de los aranceles hay algo más profundo, un choque político entre Donald Trump y Mark Carney. Trump entiende las relaciones comerciales fundamentalmente desde una lógica de poder. Su política de "Estados Unidos primero" busca reducir déficits, proteger industrias nacionales y utilizar el enorme tamaño del mercado estadounidense como una herramienta de negociación. El primer ministro canadiense, un economista y exbanquero central, ha optado por defender la soberanía de su país y reducir su dependencia económica de EE. UU. En su discurso de Davos, en enero de 2026, sostuvo que las potencias estaban utilizando la integración económica y las cadenas de suministro como instrumentos de presión, y llamó a los países de tamaño medio a actuar conjuntamente frente a esa realidad. Trump ha llegado incluso a cuestionar la autonomía canadiense y a plantear públicamente la posibilidad de que Canadá se convierta en su "estado 51". Carney, en contraste, ha convertido la defensa de la soberanía en uno de los ejes de su respuesta. Desde Washington, los aranceles se presentan como una herramienta para proteger la producción nacional y conseguir mejores condiciones comerciales. Sin embargo, imponer barreras a los productos canadienses significa encarecer materias primas y bienes que utilizan empresas estadounidenses. Canadá tampoco sale ileso. Su dependencia del mercado estadounidense hace que sus exportadores enfrenten mayores dificultades para vender sus productos. Sectores como el acero, la minería, y la agricultura pueden sufrir pérdidas y reducción de empleos. ¿Quiénes son entonces los ganadores? A corto plazo, algunos productores de EE. UU. También determinados productores canadienses pueden ganar espacio en su propio mercado gracias a los aranceles de represalia. Pero estos beneficios son insuficientes para compensar las pérdidas generales. Los verdaderos perdedores son los consumidores, los trabajadores de sectores afectados y las empresas que dependen de cadenas de suministro transfronterizas. Una guerra comercial puede elevar los precios, reducir inversiones y debilitar una de las relaciones económicas más estables del mundo. El comercio entre ambos países alcanzó unos US$715.000 millones el 2025, una magnitud que muestra hasta qué punto sus economías están entrelazadas. Trump quiere demostrar que el poder económico estadounidense puede imponer nuevas reglas; Carney quiere demostrar que Canadá puede defender sus intereses sin someterse a ellas.
Analista Internacional.
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