Los actores hablan de la película que se filmó casi íntegramente en Montevideo, llegó a Prime Video y reconstruye el caso del cuádruple femicidio argentino, dándole voz de las mujeres asesinadas.
El caso de Ricardo Barreda llega a la pantalla con una decisión clara: correrse de la figura del asesino que ha sido tan criticado como adorado, para poner el foco en las cuatro mujeres de su familia que fueron asesinadas. La película que ya se estrenó en Prime Video, dirigida por Daniela Goggi y producida por Armando Bó, reconstruye el crimen ocurrido en 1992 en la ciudad de La Plata, y busca revisar también la forma en que fue contado durante décadas.
Luis Machín interpreta a Barreda y Carla Peterson su esposa Gladys en la película que fue filmada, casi íntegramente en Uruguay. Por eso, además de edificios y calles de Montevideo, el elenco cuenta con caras del teatro y la televisión uruguaya como Gustaf, Néstor Guzzini, Gabriela Fumía y Christian Font, entre otros.
Para Machín, uno de los aspectos centrales del proyecto fue saber desde qué lugar contar una historia tan conocida. Además, "la importancia de darle voz a las cuatro mujeres que no la tuvieron", dijo en charla vía Zoom con El País.
Peterson, por su parte, recuerda el rodaje como una experiencia intensa pero también feliz. El elenco pasó varias semanas en Uruguay, lejos de sus casas, y construyó una dinámica de grupo que les permitió alternar el trabajo sobre una historia atravesada por la violencia con momentos compartidos fuera del set.
A más de tres décadas de los asesinatos, Machín advierte que todavía existen quienes reivindican a Barreda como un "justiciero", mientras Peterson plantea la necesidad de preservar los avances conquistados en materia de derechos de las mujeres. "Para atrás ni un centímetro", resume.
Sobre la película de Prime Video, el rodaje uruguayo y los cambios sociales, Machín y Peterson hablaron con El País.
¿Cómo pasaron durante el rodaje en Uruguay? Luis Machín: Hay una sola parte que se filmó en Argentina, pero el 99,9% se filmó en Montevideo.
Carla Peterson: Eso significa que, además de verse, en realidad es La Plata. Trabajamos con un montón de gente de Uruguay que fue un equipo que conocimos al llegar y con quien pasamos este rodaje de una manera muy feliz. Conocer gente que se dedica al cine en otros lugares es una gran alegría, así que también aprovechamos para saludarlos, felicitarlos y agradecerles esos tiempos compartidos.
https://www.youtube.com/watch?v=6Otcjy6Vp3A ¿Qué fue lo primero que pensaron cuando les ofrecieron hacer una película sobre Ricardo Barreda? Machín: Cuando son temas tan conocidos como el asesinato de estas cuatro mujeres a manos de Barreda, uno se hace preguntas. Primero, cómo va a ser contado. Recibí el guion muy rápidamente y, más allá del deseo de Armando Bó de que hiciera el personaje, estuve al tanto de cómo se quería contar. Hablar con Daniela Goggi, la directora, fue fundamental.
¿Y cuál era ese enfoque? Machín: Darle voz a las cuatro mujeres que no la tuvieron. Cuando sucedió, hubo una mirada muy sesgada: se lo veía a él como la víctima de esas mujeres, como si viviera un infierno en su casa y fuera hostigado por ellas. Entonces era importante cómo se iba a contar. Nadie quiere poner a Barreda en un pedestal, sino darle el lugar y la humanidad que tenían esas mujeres en la sociedad de aquel momento. Me resultó muy convocante el tema, no por lo morboso, sino por la violencia que genera la violencia.
¿Hubo alguna escena que, después de filmarla, necesitara un corte para hablar de otra cosa? Peterson: No es que lo necesitábamos, pero después de filmar nos gustaba compartir otras cosas y salir de ese momento. Estábamos muy entusiasmados filmando y sabíamos que no era que teníamos que cortar. Fue, en cierta manera, un rodaje muy feliz y alegre. Nos queremos mucho, yo había trabajado con muchos de los actores y también hay actrices muy jóvenes. Se formó esta cosa de familia que va a filmar. Al estar lejos de casa nos cuidamos, compartíamos más tiempo, porque no volvíamos a dormir a casa: nos quedamos en Uruguay. Tal vez Luis, que se metía en esas zonas tan oscuras para interpretar a este asesino, lo necesitaba más. Pero después nos gustaba compartir todo ese otro tiempo. Fue, a pesar de lo terrible, un rodaje muy feliz.
La película habla de una sociedad y una época. ¿Qué creen que revela este caso sobre la Argentina de aquel momento y qué cosas siguen siendo reconocibles hoy? Machín: Es otra Argentina. Se ha avanzado mucho en aspectos vinculados a los grandes movimientos de mujeres de los últimos años, a las leyes que han salido a partir de la movilización y al empuje, la entereza y dedicación de tantas mujeres. Pero todavía hay una resistencia muy fuerte en muchos ámbitos. También es un momento de enorme violencia institucional, y eso genera una preocupación grande. Cuando esos derechos se quieren quitar, no hacen más que fortalecernos, porque intentamos cambiar esas formas de mirar que atrasan tanto. Por suerte, tenemos grandes movimientos de mujeres que amparan estos cambios, en comparación con la Argentina de 1992. Pero todavía hay gente que reivindica a Barreda como un justiciero. Mató a su suegra, a sus hijas y a su esposa. Fue un asesino y premeditó los asesinatos. Por eso la película viene a generar una discusión necesaria.
Peterson: Todavía hay que estar muy atentos, porque se vuelven a poner en duda muchas veces esos logros. Creo que la película, además de mostrar ese recorrido, nos afirma que eso que cambió lo tenemos que seguir cuidando. Se arman relatos que pueden volver atrás, y para atrás ni un centímetro. Ya no.
Si tuvieran que describir la película sin decir Barreda ni asesinato, ¿qué dirían? Machín: Lo que estamos contando es atroz. Porque lo que importa es que hubo cuatro mujeres que fueron masacradas por este asesino. Y la película va a generar un debate que le puede venir muy bien a una sociedad acribillada por noticias, amarillismo y discursos violentos.