Los agravios de Pereira
Las relaciones entre los partidos políticos deben manejarse con cuidado y respetando al adversario.
Los episodios ocurridos durante la semana pasada con respecto a las declaraciones en conferencia de prensa del Presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, y la postura frente a una convocatoria del Presidente de la República a una reunión con todos los partidos políticos para intercambiar sobre política internacional, ponen de manifiesto la importancia de que la Coalición Republicana establezca un ámbito de coordinación entre los tres partidos que la integramos.
Se ha avanzado muy positivamente en la coordinación parlamentaria y la prueba de ello es la actuación conjunta y coherente durante todo el debate y la aprobación de la Rendición de Cuentas. Muy diferente de lo ocurrido el año pasado en la discusión presupuestal, que terminó con votaciones divididas entre los diferentes partidos integrantes de la Coalición, en esta oportunidad se avanzó en los intercambios y la puesta en común de las diferentes posiciones a efectos de presentar un posicionamiento compartido.
Sin embargo, la coordinación política de los partidos de la Coalición no se ha consolidado, sino que sólo ha ocurrido en muy contadas ocasiones y hace ya bastante tiempo que no se reúne.
Lo cierto es que este bloque que integramos entre el Partido Nacional el Partido Colorado y el Partido Independiente no sólo tiene que asumir una actividad parlamentaria, sino que, constantemente tiene que definir posiciones ante las diversas realidades políticas que trascienden la actividad legislativa.
Justamente, un ejemplo de ello fue la referida convocatoria del Presidente de la República, ante la que el Partido Nacional por muy entendibles razones expresó que no estaba dispuesto a asistir debido a las declaraciones agraviantes formuladas, nada menos, que por el Presidente del partido de gobierno.
Debe decirse que es muy grave lo ocurrido. Una declaración del Presidente del Frente Amplio, en conferencia de prensa, acusando falsamente y sin pruebas al ex Presidente, Luis Lacalle Pou, de ser responsable de supuestos hechos delictivos supone un evidente cambio en las relaciones interpartidarias preexistentes.
En tal sentido expresamos nuestro más firme y profundo rechazo ante esta forma de hacer política, que no ha merecido ningún desmarque por parte de ningún dirigente del Frente Amplio, lo que agrava la situación.
Una cosa son declaraciones de dirigentes o parlamentarios de diferentes partidos cuestionando cada uno al accionar político del otro bloque y otra cosa muy diferente son las declaraciones de quien ostenta la representación del Partido de gobierno en su carácter de Presidente del Frente Amplio.
Si Fernando Pereira por motivos internos creyó que debía salir con estas expresiones agraviantes, justo el día antes de la celebración del Día del Comité de Base, para buscar congraciarse con la "barra" que no está conforme con la gestión de su propio gobierno, es un problema de ellos. Pero ciertamente "embarró" la cancha del relacionamiento con los partidos de la oposición y eso tiene sus consecuencias.
Entendemos la reacción del Partido Nacional frente a esta circunstancia y rechazamos las imputaciones realizadas de manera inaceptable de parte del Presidente del Frente Amplio que, además, buscan construir una acusación falsa sin pruebas ni fundamento alguno. Las relaciones entre los partidos políticos deben manejarse con cuidado y respetando al adversario.
Nuestro país no puede caer en el nivel de la descalificación y el agravio permanente que observamos en buena parte de los países de la región. Las manifestaciones del Presidente del Frente Amplio nos hicieron acordar a las declaraciones que intercambian gobernantes y opositores en Argentina y Brasil con agravios e insultos sin cuidar la institucionalidad.
Como si fuera poco, todo esto ocurre mientras el actual gobierno sigue mostrando una enorme incapacidad para resolver los problemas y avanzar en las políticas necesarias para construir un país mejor.
Vale simplemente recordar que el Puerto de Montevideo sigue sufriendo interrupciones que afectan a todo el Uruguay productivo; lo que representa una contundente demostración de ineptitud en la negociación colectiva y una grave afectación de nuestra imagen ante el mundo.
Ni hablar de las contradicciones de quienes dirigen la política exterior, cada uno dice lo que "se le canta" y no pasa nada. Lo mismo con el agravamiento de la inseguridad que después de un año y medio dedicado a planificar, ahora además bate records de homicidios por semestre.
El Poder Ejecutivo no tiene reflejos, está paralizado. Y lo que es peor. Todavía quedan tres años.