Peor de lo que pensábamos
Durante cuatro años, Colombia estuvo presidida por un irresponsable, rodeado de aduladores que, en lugar de renunciar o protestar ante los embustes y dislates de su líder, asentían inercialmente, como los perritos decorativos que adornan los tableros de los taxis
Durante cuatro años, Colombia estuvo presidida por un irresponsable, rodeado de aduladores que, en lugar de renunciar o protestar ante los embustes y dislates de su líder, asentían inercialmente, como los perritos decorativos que adornan los tableros de los taxis. Por eso debe alarmarnos, mas no extrañarnos, la noticia de que el presupuesto del 2027 presentado por la administración pasada no estaba desfinanciado en 30 billones de pesos, como se dijo inicialmente, y para lo cual se había pedido una nueva reforma tributaria, sino que la realidad era mucho peor. Según explicó el ministro de Hacienda, Miguel Gómez, se habían dejado por fuera gastos de 23 billones de pesos y obligaciones crediticias por 37 billones. Así, pues, el presupuesto que llegará al Congreso —por un total nunca antes visto de 635 billones de pesos— excede en 60 billones el presentado por el petrismo hace unos meses. Poco duraron las posibilidades de austeridad bajo el nuevo gobierno. Para ponerlo en perspectiva, esa cifra es dos veces lo que se calcula que costará toda la reconstrucción tras el terremoto del 10 de agosto. Con la diferencia de que la reconstrucción es un proceso de varios años, mientras que los 60 billones son solo lo que se les "pasó" incluir en el presupuesto del año entrante. El nuevo Ejecutivo arranca con un legado maldito, y las manos atadas. Prometió austeridad y racionalización del gasto, pero recibe la Hacienda pública en harapos, producto de un descomunal derroche que no le dejó nada al país sino deudas. La mayor parte de los aprietos financieros que recibe la administración de ADLE se derivan de los pasivos irresponsables, suscritos a tasas de bobo, con que el Pacto Histórico financió su borrachera de gasto; enriqueciendo, de paso, a ciertos multimillonarios, de esos que tanto odia, en perjuicio de la gente común y corriente, de cuyo bolsillo sale la plata. Y eso que supuestamente "las instituciones" contendrían al exgobierno. Qué tal que no. En consecuencia, el año que viene Colombia pagará más en intereses de lo que tendrá disponible para proyectos de inversión. Y el déficit fiscal, que nos parecía terrible en el 7 % del PIB, podría llegar al 9,4 % si no se hace nada. Habrá que hacer algo, entonces: subir impuestos, recortar gastos o endeudarnos más. Pero los tres caminos están repletos de espinas. El país, y en especial el sector productivo, no resiste más impuestos; menos después de un terremoto. El endeudamiento no es otra cosa que impuestos futuros, con el agravante de que, en exceso, puede inducir desarreglos macroeconómicos en el presente. Y recortar gastos puede enfriar la economía, pero, además, si toca a sectores sensibles, podría ocasionar un malestar social que sería aprovechado por la oposición para lo que más le gusta: sacar a la gente a las calles. En cualquier caso, no hay alternativa: se necesita una mezcla cuidadosa de las tres medidas para salir del abismo al que nos llevaron el expresidente y sus huestes. Ojalá la coyuntura se aproveche, además, para adelantar la simplificación de nuestro "diabólico" estatuto tributario, como lo describió, con toda razón, el ministro Gómez. Decía Milton Friedman que no hay tal cosa como un presupuesto desfinanciado. El Estado siempre cobra lo que gasta, ya sea a través de impuestos hoy, de impuestos mañana —como cuando se endeuda— o del impuesto furtivo de la inflación. Por eso, el indicador macroeconómico más relevante para el ciudadano, decía el nobel, es cuánto gasta el Estado: "Nunca pierdan de vista esa cifra", recalcaba. Pero Colombia se dejó tramar por los cantos de sirena del "gobierno del cambio" e ignoró la advertencia. Ahora está amaneciendo, se acabó la fiesta y toca pagar la cuenta. Y quienes firmaron a nombre nuestro ya se fueron. @tways / tde@thierryw.net
Tubo de ensayo
Thierry Ways
Los gastos por fuera del presupuesto del gobierno pasado equivalen a dos
veces el costo de reconstrucción
del terremoto.