Cuentas públicas: la necesidad de mejorar el resultado
La política fiscal debe dejar de funcionar solo como instrumento distributivo devolviéndole su carácter macroeconómico pues, de lo contrario, en un futuro cercano, no podrá tener siquiera el actual e inútil objetivo.
Los resultados del sector público monetario y no monetario, siguen siendo muy negativos. Como corolario del sumamente altodéficit fiscal globalhay un crecimiento no deseable del endeudamiento del sector público, inconveniente e injusto para quienes deberán pagarlo cuando llegue la ocasión. Sucesivos ajustes con elevaciones significativas de impuestos y de cuasi tributos y el propio crecimiento de la economía, no han resultado suficientes para generar los recursos que cubran enteramente los aumentos en las erogaciones del sector público, que siguen creciendo por encima de la inflación.
El desequilibrio de las finanzas públicas y del sector público monetario Banco Central no logra disminuir del 4-4,5% de la producción interna de bienes y de servicios (PIB). Ante esta realidad y con un primer semestre este año que no se tradujo en el resultado esperado, la situación económica en lo que resta de 2026 no apunta a ser lo suficientemente expansiva como para torcer la situación, llevando aldéficit fiscal global a un registro inferior. Como tampoco se puede estimar que ocurra una mejora en 2027 pese a los nuevos impuestos que se implantaron en lo que va de esta administración económica y de gobierno. Desde este año operan el impuesto a la renta de activos financieros y mobiliarios por inversionesen el exterior, el Impuesto Mínimo Complementario Doméstico (IMCD) al Impuesto Mínimo Global y el impuesto al valor agregado sobre algunas compras web de hasta 800 dólares en el exterior.
Sin otras medidas, solo con las que se introducen en la Rendición de Cuentas que hoy se encuentra en discusión, será difícil que se revierta la situación, aunque más no sea ligeramente y que el déficit decline de su nivel actual. La historia económica de nuestro país muestra que pese a declaraciones políticassobre el cuidado del gasto y del resultado fiscal, la realidad marca lo contrario: que el gasto público no solo no se reduce, sino que aumenta a pesar de una mayor presión impositiva.
Un análisis breve de la carga que se le está dejando a las generaciones, que vienen por el gasto público que desde hace décadas cada vez más se disfruta sea como salarios u otras retribuciones de diversa naturaleza, nos muestra que no obstante el peso de la tributación de tipo real a la renta, al patrimonio a las jubilaciones y a otros impuestos por el estilo
los resultados anuales no mejoran, a pesar de reducir al ahorro privado para la inversión.
El corolario de sus déficits anuales muestra que, desde 2020 hasta el final del año pasado, la deuda del sector público global aumentó 72% y se ubica, tras esos cinco años de expansión, en 64.234 millones de dólares, 53.157 millones la deuda del sector público no monetario y el resto, por 11.077 millones, la del Banco Central. La deuda pública global es del orden del 67% del PIB.
Medidas
Para detener el aumento del endeudamiento es necesario mejorar los resultados fiscales. Es impensable que las autoridades solo esperen que el déficit se reduzca con el débil crecimiento al que nos tiene acostumbrado la economía para generar los recursos tributarios necesarios para el objetivo. Si así fuera, implicaría la continuidad del aumento del endeudamiento, pese a que la experiencia nos muestra que las calificadoras, e incluso el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones por el estilo, hoy solo recomiendan blandamente la reducción del déficit, pero no se ve preocupación mayor por la del endeudamiento.
Una segunda alternativa a la que puede llevar la situación fiscal actual, es insistir con ajustes impositivos alcistas. Ese tipo de ajustes tendría, como en ocasiones anteriores, resultados invariantes desde el punto de vista de la redistribución de ingresos con vistas a mejorar el futuro de la población de menos ingresos y sería insistir con impuestos vinculados a la renta y al patrimonio que afectan al ahorro, a la inversión y al crecimiento.En la medida que el peso de la carga tributaria es alto para ciertos grupos de población, los de ingresos medios y altos, lo que se recauda para gastar y redistribuir se pierde por el lado de una menor inversión privada, que es laque tiene un efecto multiplicador sensiblemente mayor sobre la actividad económica que el que tiene el gasto público que ella financia.
La otra alternativa para reducir la brecha fiscal es a través de la disminución del gasto público. Existen alternativas en ese sentido todas difíciles pero que son condición necesaria para mejorar los resultados fiscales, que no se han ni siquiera evaluado. En primer lugar se encuentra la posibilidad de la reducción del gasto incomprensible del sector público empresarial deficitario, el que se debe transfiriéndolo a sus trabajadores sin costo alguno para su propio manejo.En segundo lugar, el gasto público podría tener una baja importante disminuyendo el número de legisladores que existen en nuestro país, previa evaluación de los costos y beneficios que definan el alcance de una reducción constitucional. En tercer lugar, concretar una rebaja importante del gasto operativo del sector público no monetario gobierno central, BPS y empresas públicas. Y en cuarto lugar, ir por el lado de la autoridad monetaria y encarar acciones que reduzcan sus resultados negativos y el déficit por su endeudamiento.Todo es difícil pero cada vez más necesario.
En definitiva, la política fiscal debe dejar de funcionar solo como instrumento distributivo devolviéndole su carácter macroeconómico pues, de lo contrario,en un futuro cercano, no podrá tener siquiera el actual e inútil objetivo.