Nvidia está impulsando el boom de la IA. Y eso es bueno
Las enormes apuestas del fabricante de chips muestran cómo se supone que debe funcionar el capitalismo.
Nvidia tomó su nombre en 1993 de invidia , "envidia" en latín. Y, en efecto, el coloso estadounidense despierta mucha envidia. La insaciable demanda mundial por sus unidades de procesamiento gráfico (GPU), los chips que impulsan la inteligencia artificial (IA), ha convertido a Nvidia en la empresa más valiosa del mundo, con un valor de US$ 5,4 billones (millones de millones). El próximo año también podría convertirse en la más rentable, al generar US$ 370.000 millones en utilidades netas. Para 2029, sus ventas podrían alcanzar US$ 1 billón.
Jensen Huang, jefe de Nvidia, es verdaderamente el "mago" que está en el centro del boom de la IA. La cotización de su empresa vale 14 veces lo que valía cuando se lanzó ChatGPT, a fines de 2022. Las diez mayores empresas que cotizan en bolsa y que impulsan la IA representan 40% del valor del índice S&P 500. Nvidia por sí sola representa 8% y, a diferencia de Apple o Tesla, por ejemplo, que fabrican teléfonos inteligentes y automóviles, es casi exclusivamente una apuesta por la IA. La empresa ha aportado unos 15 centavos de cada dólar de rentabilidad generado por el mercado bursátil estadounidense desde 2023, retornos que han mantenido el gasto de los consumidores pese al alza de las tasas de interés, los aranceles y una guerra con Irán.
Pero muchos también ven a Huang como un "mago" en un sentido más inquietante: temen que sea un ilusionista que está inflando una burbuja peligrosa. Mediante acuerdos por US$ 1 billón, Nvidia entrega efectivo o garantías a propietarios de data centers y laboratorios de IA para que puedan comprar sus GPU. Algunos la llaman el "banco de la IA". Como mínimo, dicen los críticos de Nvidia, su ingeniería financiera recuerda sospechosamente al "financiamiento del proveedor" que infló los ingresos de fabricantes de equipos de redes como Cisco durante la fiebre puntocom de 2000-2001, cuyo derrumbe provocó una recesión.
Sin embargo, al mirar más de cerca, la mayoría de esas preocupaciones parece injustificada. Si las apuestas de Nvidia por la IA resultan acertadas, podrían acelerar la adopción de la tecnología, elevando la productividad y los niveles de vida. Si salen mal, el costo recaerá principalmente sobre los accionistas de Nvidia. Así es como se supone que debe funcionar el capitalismo.
Es cierto que los booms de las puntocom y de la IA comparten similitudes preocupantes: una nueva tecnología fascinante, un rally alcista épico y ejecutivos tecnológicos soberbios. El ascenso de Nvidia, desde vendedor de chips para jugadores de videojuegos y mineros de criptomonedas hasta pieza clave de la economía, ha sido tan rápido que muchos angloparlantes todavía no saben pronunciar su nombre ("en-vidia", no "na-vidia"). Esto recuerda el ascenso de Cisco, que en 2000 también se convirtió brevemente en la empresa más valiosa del mundo. Así como las ventas de routers y switches de Cisco presuponían un crecimiento exponencial del tráfico en internet, los ingresos de Nvidia por GPU presuponen una demanda interminable por tokens de IA.
Cisco acertó respecto de la demanda que finalmente surgiría, pero se equivocó con los tiempos, de ahí el derrumbe de las puntocom. Hoy es el ritmo de adopción de la IA lo que resulta difícil de prever. Dejando de lado a los ingenieros de software embobados con Claude, su uso sigue en pañales. Si no se dispara pronto, los clientes de Nvidia podrían hacer efectivas las garantías justo cuando las ventas del propio fabricante de chips se desplomen. Como nadie sabe con certeza qué tan rápido pierden valor las GPU, los chips usados que Nvidia recupere podrían no valer nada.
La magia financiera de Nvidia es en parte defensiva. Sus GPU más recientes ya no son las únicas en el mercado. Aproximadamente la mitad de los ingresos de Nvidia proviene de los "hiperescaladores" estadounidenses de computación en la nube, principalmente Amazon, Google, Meta y Microsoft, que están diseñando sus propios chips. Los chips de IA de otros fabricantes representan 38% del mercado, frente a 26% en 2023. Para mantenerse a la cabeza, Nvidia solía gastar más de una quinta parte de sus ventas en investigación y desarrollo. Ahora gasta menos de una décima parte.
Por último, la magnitud de los compromisos financieros de Nvidia puede parecer aterradora. Morgan Stanley calcula que su exposición crediticia total, es decir, su modesto endeudamiento más el respaldo a sus clientes, llegará a US$ 200.000 millones a comienzos de 2029. Con el tiempo, la deuda en la sombra de Nvidia podría alcanzar US$ 300.000 millones o más. Es una cifra gigantesca: actualmente solo los seis mayores bancos de Estados Unidos tienen más deuda.
Sin embargo, las diferencias con el boom puntocom son más importantes que las similitudes. El balance de Nvidia es extraordinariamente sólido. La empresa tiene US$ 99.000 millones en efectivo y sigue generando más. En cada uno de los últimos tres años, sus ventas anuales prácticamente se han duplicado. Sus márgenes brutos aumentaron desde menos de 60% hasta 75%. El estatus de Huang como CEO de culto rivaliza ahora con el de Elon Musk. Pero mientras las empresas de Musk generan poco efectivo, en el caso de Tesla, o queman grandes cantidades, en el de SpaceX, Nvidia generará cerca de US$ 200.000 millones en efectivo este año.
Esto significa que, mientras Cisco utilizaba deuda, Nvidia puede usar efectivo para respaldar sus acuerdos con compradores de GPU. Incluso si tuviera que responder por todos sus compromisos y sus flujos de caja dejaran de crecer a partir del próximo año, para 2028 solo 39 de las empresas no financieras que integran hoy el S&P 500 tendrían menos apalancamiento que Nvidia. Las utilidades tendrían que caer un 60% desde ese nivel para que Nvidia perdiera su clasificación de riesgo de grado de inversión.
Y la demanda por IA no es ilusoria, como lo fue en el caso de Pets.com y otras estrellas puntocom sin ingresos. Las ventas de Anthropic, el principal laboratorio de IA, saltaron de US$ 5.000 millones en el primer trimestre a US$ 11.500 millones en el segundo. OpenAI, su principal rival, probablemente no esté muy lejos. Los hiperescaladores también están registrando ingresos provenientes de la IA. En total, la IA podría estar generando alrededor de US$ 150.000 millones al año para las empresas tecnológicas estadounidenses, partiendo de prácticamente nada hace apenas unos años. Eso todavía está muy lejos de los US$ 2,5 billones necesarios para cubrir el gasto de capital en IA, pero el crecimiento es rápido.
Huang cree que el mayor obstáculo para la revolución de la IA no es la falta de demanda, sino una infraestructura insuficiente. Los mercados no proporcionarán capital en la escala necesaria, por lo que Nvidia está ofreciendo el financiamiento por su cuenta. Nvidia tiene una ventaja a la hora de comprender el equilibrio entre riesgos y recompensas. Aunque esta apuesta es lo suficientemente grande como para afectar a la economía, sigue siendo una apuesta empresarial. Toda empresa que reinvierte su efectivo en lugar de devolvérselo a los accionistas también apuesta a que puede obtener una rentabilidad superior a la del mercado. Las empresas existen para hacer este tipo de apuestas concentradas. Si los inversionistas quieren diversificarse, pueden hacerlo por sí mismos.
Y Huang está lejos de estar solo. Los hiperescaladores, las empresas más exitosas del mundo antes de que Nvidia irrumpiera, están haciendo la misma apuesta. También algunos de los nombres más importantes de Wall Street. El mes pasado, Goldman Sachs, BlackRock, Blackstone y otros se unieron a Nvidia en una iniciativa de US$ 500.000 millones para data centers . Y también están apostando los accionistas de Huang, que todavía no se han apresurado a vender. Si todos están equivocados, es su dinero el que está en juego. Y si tienen razón, la era de la IA podría llegar un poco antes.
Artículo traducido por Economía y Negocios de "El Mercurio".