Miércoles, 09 de Septiembre de 2026

Elefantes

ChileEl Mercurio, Chile 8 de septiembre de 2026

Kast empieza a vivir lo que vivió Allende: el partido propio es la fuente de sus mayores dolores de cabeza.

La izquierda sabe que hay avisperos que no debe tocar: propiedad, inflación, desgobierno, Cuba. Si lo hace, sabe lo que vendrá: 1973. La derecha tiene los propios: apoyo a "los ricos" y al "imperialismo", expectativas económicas defraudadas, mala gestión, amenaza a libertades y derechos humanos. Si lo hace, sabe lo que vendrá: el retorno a su tercio histórico. Se podrá discutir si los gobiernos anteriores cumplieron esta regla tácita. Pocos podrán discutir que el de Kast parece empeñado en transgredirla.
Con solo seis meses en La Moneda, los comentarios han sido benevolentes: "errores", "desprolijidades", "descoordinaciones", "ingenuidad". Es tiempo de un juicio más severo.
La lista es contundente. Un Presidente elegido "con la seguridad pública y el control migratorio como ejes centrales" -así lo presentó el Foro Madrid-, desliga a la ministra del área a los 70 días y pone a cargo a quien sería el "zar de la infraestructura". La vocera seleccionada por empatía, sustituida por un ministro más bien parco. La atleta a cargo del deporte, defenestrada a los 155 días, junto a seis subsecretarios, treinta y cuatro seremis y un delegado provincial.
El oficialismo se ufana de haber sacado en tiempo récord su reforma económica. Sin la oposición, con votos obtenidos a cambio de prebendas. Ganó el Congreso, pero perdió la calle: quedó grabado a fuego que era "para los ricos". El tiempo dirá si no fue una victoria pírrica.
El Gobierno prometió que llegará el chorreo. "Chile prendió sus motores", se afirmó. No por ahora. "Comienza a preocupar el que las cifras actuales no sean consistentes con las expectativas que la propia autoridad ayudó a construir", advirtió este periódico. "Anunciar puntos de inflexión que los datos no confirman arriesga a erosionar la credibilidad", agregó.
Pugnas ministeriales. Asesores presidenciales que dan órdenes a ministros. Autoridades que reclaman no haber sido consultadas de decisiones clave. Un ministro -el de Defensa- que opina sobre áreas ajenas a su cartera. Miembros del gabinete que defienden por la prensa sus demandas presupuestarias, y que son reconvenidos por Hacienda, que les recuerda que "el presupuesto se discute adentro del gabinete". El vacío de autoridad es inocultable.
La orientación de las relaciones internacionales fue clara desde el comienzo: hacer negocios, sellar la lealtad con Estados Unidos, aprovechar la cercanía ideológica con Milei, y pagar favores. Canciller: un ejecutivo sin experiencia diplomática; relaciones económicas y aranceles, la exgerenta de la cámara chileno-estadounidense; embajadas, hombres de confianza del Presidente, no pocos con conflictos de interés pendientes. A horas de asumir, a Miami a posar con Trump; tras jurar, a Buenos Aires a posar con la motosierra.
Numerosas voces la tildaron de candorosa. Con razón. El embajador de Washington celebra que Chile ejerza la "doctrina Donroe", pero esto no lo salvó de las tarifas, ni de ser calificado de "patio trasero", y ha despertado las suspicacias de China, como lo ha hecho ver su embajador por la prensa. Todo esto mientras Argentina insiste en su salida al Pacífico y Milei usa suelo chileno para lanzar sus diatribas.
La guinda de la torta fue la reforma constitucional, firmada en una escena a lo Trump. No estaba en el programa. No fue propuesta por ningún experto. No fueron informados los partidos oficialistas.
Constitucionalistas, oficialismo, libertarios y oposición coincidieron en el rechazo -y en la alarma-. Se desató el síndrome Lakoff: nombrado el elefante, ahí estaba -el iliberalismo.
El Partido Republicano se jactó de su autoría. Y de las agallas de su ministro. Pero La Moneda reculó y la reforma pasó al congelador. Pero el episodio dejó de manifiesto pulsiones iliberales que operan con impunidad, minando la autoridad presidencial. Kast empieza a vivir lo que vivió Allende: el partido propio es la fuente de sus mayores dolores de cabeza.
A seis meses de gobierno, los elefantes andan sueltos.
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