Miércoles, 09 de Septiembre de 2026

Ahorro o apagón

ColombiaEl Tiempo, Colombia 8 de septiembre de 2026


Este medio de comunicación ha seguido durante meses la situación del sector eléctrico y ha advertido, con datos y no con presagios, que el país venía perdiendo margen


Este medio de comunicación ha seguido durante meses la situación del sector eléctrico y ha advertido, con datos y no con presagios, que el país venía perdiendo margen. Esa advertencia ya no es una hipótesis. El más reciente boletín de XM, operador del sistema, muestra una demanda en máximos históricos, aportes hídricos por debajo del promedio y una oferta de energía firme que no alcanzará para cubrir lo que Colombia consumirá si la sequía se agrava. Los números explican el problema. Para el periodo 2026-2027 la diferencia entre la energía firme disponible y la demanda proyectada llega a 7.207 gigavatios hora al año. De los 4.475 megavatios de nueva generación previstos para este año, apenas habían entrado 1.005 al 3 de septiembre. Cuarenta y dos proyectos de transmisión van retrasados y seis de cada 10 ya pasaron su fecha de entrada. Entre enero y septiembre, XM impartió 329 instrucciones de desconexión de carga para sostener la operación. Nada de eso es culpa del clima. Es el resultado de una expansión que avanzó más lento que el consumo. Entre 2004 y 2024 la capacidad efectiva del sistema creció 54,5% mientras que la demanda casi se duplicó. El Niño llega sobre ese terreno, con una probabilidad muy alta de alcanzar intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre. Fedesarrollo estimó lo que estaría en juego si el país tuviera que racionar electricidad y gas al tiempo, algo que no ocurre desde 1994. Serían 1,5% del crecimiento del PIB, por lo menos 260.000 empleos al año y 250.000 personas empujadas a la pobreza. Ese sería el costo de no haberse anticipado. Contra ese escenario se activó el programa de la Creg, cuya lógica es sencilla. A cada usuario se le fija una meta a partir de su propio consumo de los últimos 12 meses. Quien se pase en más de 10% paga un valor adicional únicamente por los kilovatios de exceso. Quien ahorre más de 10% recibe un saldo a favor al final. La primera factura es pedagógica y no cobra nada. Hospitales, colegios, organismos de emergencia, usuarios con equipos médicos y municipios golpeados por el terremoto quedan por fuera. La molestia de algunos líderes del Caribe es entendible y merece una respuesta seria, no un sermón. Encender un ventilador o un aire acondicionado con 40 grados a la sombra no es un lujo; es una necesidad. Por eso conviene insistir en algo que se ha explicado poco. La meta no compara una casa de Santa Marta con una de Bogotá. Compara a cada hogar consigo mismo, con el clima y los hábitos que ya tenía. Nadie está obligado a apagar el aire. Se pide no aumentar el consumo, y ese matiz cambia el debate. El Caribe es la región que ya está pagando en carne propia esa fragilidad del sistema. Entre abril y el 3 de septiembre allí dejaron de atenderse 23,42 gigavatios hora de demanda por agotamiento de la red. El ahorro forzado más que una amenaza futura para la región, es una realidad que ya golpea sus casas. Al Gobierno le corresponde ahora comunicar con claridad y coordinar. El Ministerio de Minas, la Creg, la Superservicios, la UNGRD, las alcaldías y las empresas no pueden trabajar como compartimentos separados. A los ciudadanos les corresponde la parte que sí está en sus manos. Si el ahorro no llega ahora de manera voluntaria, llegará después de manera forzada, en forma de apagones que ningún colombiano quiere vivir. Consumir energía de forma responsable hoy es la forma más barata de proteger la luz de mañana.
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