Coalición y Godot
Si no presentamos al electorado un lema único, seguiremos ganando en octubre y perdiendo en noviembre.
Cuando escucho decir que el lema único a nivel nacional de la Coalición Republicana (CR) es un proyecto de futuro y no para 2029, me viene a la mente la célebre pieza de Samuel Beckett Esperando a Godot, soberbiamente escenificada en Montevideo por mi maestro Alberto Restuccia.
Dos hombres comunes -a medio camino entre indigentes y payasos- divagan en una plaza, aguardando la llegada del misterioso personaje que da título a la obra. Para jugar con las convenciones dramatúrgicas tradicionales, Beckett genera suspenso ante la expectativa de que Godot aparezca y con él la vida de los personajes cobre sentido. Pero eso nunca ocurre. La obra es una metáfora de la intrascendencia vital, la incapacidad de construir un destino a la espera de algo exterior a nosotros que justifique nuestra existencia. En otra obra del mismo autor, Final de partida, hay una pareja de ancianos que vive y muere dentro de sendos tachos de basura.
El nihilismo radical de Beckett asume una dimensión metafísica, pero es muy aplicable a la pachorrienta política uruguaya.
La alianza interpartidaria denominada Coalición Republicana ya está instalada. Gobernó durante 5 años con mucha más coherencia interna de la que ostenta el FA en el período actual. Blancos, colorados e independientes están ejerciendo la oposición en forma coordinada, dejando además en evidencia las chambonadas oportunistas de Cabildo Abierto. Para colmo, es clara la coherencia ideológica de los partidos de la CR, en contraste con un FA donde Oddone y Castillo semejan la biblia y el calefón discepolianos.
A pesar de todo esto, hay dirigentes blancos y colorados que aún no lo ven. Reafirman identidades que lo único que consiguen es atomizar a una ciudadanía convencida de que el camino a seguir no es la lucha de clases, sino la libertad política y económica, con un ojo puesto en facilitar la vida de quienes producen prosperidad, y el otro en subsanar las inequidades en el punto de partida.
Hay dirigentes nacionalistas del interior que rechazan el lema común desde la posición predominante del partido en sus propios departamentos. Se encandilan con el árbol pero se comen el bosque. Recelan de sentar a la mesa a colectividades que en sus territorios son minoritarias, pero deberían asumir que sin estas será imposible recuperar el gobierno nacional. Otros dicen que dos más dos puede no ser cuatro. Que no es seguro que un colorado vote en octubre a un candidato blanco ganador de una interna de la CR en junio. Y es exactamente al revés: si ya desde junio los precandidatos derrotados arrancan la campaña en apoyo al ganador, es obvio que no se va a perder ni un solo voto.
Si no presentamos al electorado un lema único, con las ideas claras y coherencia interpartidaria que ya tenemos, seguiremos ganando divididos en octubre y perdiendo -unidos de apuro- en noviembre. Javier García, Andrés Ojeda y Pablo Mieres lo vienen explicando de modo irrebatible. Me hizo gracia la anécdota del segundo nombrado, que narró en el programa En Clave País: "la gente me para por la calle y me pregunta '¿se van a unir o les gusta perder?'". Es la mejor síntesis de un dilema que no admite más demoras. Coalicionistas, decídanse de una buena vez. ¿o prefieren seguir esperando a Godot?