Golpe al humanismo liberal-demócrata
El recuerdo de los grandes líderes de la centroderecha que marcaron la historia de la Alemania post II Guerra Mundial se resquebraja.
Las generaciones que crecieron en la segunda mitad del siglo XX jamás imaginaron que la ideología que hundió Europa en la Segunda Guerra Mundial, proclamó la supremacía de una raza y promovió el desprecio a las "razas inferiores", además de industrializar el asesinato creando los campos de concentración donde se exterminó a millones de personas, podía renacer de sus cenizas.
Si algo tuvo claro el mundo durante medio siglo es que el nazismo fue una monstruosidad, uno de los regímenes más crueles que hayan existido en la historia de la humanidad. Pero está creciendo en el mismo país donde nació.
Alemania es un país súper-desarrollado cuyos ciudadanos tienen los mejores niveles de vida en el orbe. Sin embargo, una serie de factores, entre ellos la transformación industrial, vuelve a mostrar el huevo de la serpiente.
El resultado en la elección regional en la que triunfó holgadamente el partido neonazi Alternativa por Alemania (AfD) confirma que está evaporándose en la historia el sentido común según el cual una ideología racista y cruel que asesinó en masa y destruyó toda noción de piedad y compasión.
Los recuerdo de los grandes líderes de la centroderecha que marcaron la historia de la Alemania post II Guerra Mundial, está resquebrajándose en las urnas germanas. Adenauer, Helmuth Kohl y Angela Merkel pierden peso en la conciencia de los alemanes. Sobre todo los más jóvenes. La última señal es el abrumador triunfo del partido neonazi en Sajonia-Anhalt.
AfD obtuvo más del doble de los votos que la centroderechista CDU (Unión Cristiano-Demócrata), obteniendo 39 de los 83 escaños del Landtag (parlamento regional). Los conservadores moderados que responden al canciller Frederich Merz deben decidir ahora si bloquean un gobierno ultraderechista en ese estado, o si le permiten al vencedor, Ulrich Siegmund, formar el primer gobierno del extremismo neonazi en un Lander de la república federal.
Siegmund ya ha dicho que no aceptará un "rigierung in minderheit" (gobierno en minoría), poniendo de este modo a la CDU bajo amenaza hacer de repetir la elección con el serio riesgo de que el partido de los neonazis alcancen la mayoría absoluta en el Landtag, que ahora no alcanzaron pero de la cual quedaron cerca.
Ocurre que sumando los votos obtenidos por la CDU a los del SPD (partido socialdemócrata) y de los verdes (ecologistas) no alcanza para formar un gobierno de centro, y como AfD no acepta gobernar en minoría, habría que repetir la elección, lo cual, dado el resultado obtenido este domingo, cabe suponer que el más votado crecerá en lugar de contraerse.
Hoy, lo que parece más probable es que Ulrich Sigmund gobierne Sajonia-Anhalt, abriendo las puertas de Alemania a un abismo regresivo al peor momento de su historia.
La propuesta de AfD para Sajonia-Anhalt incluye revisar la visión que dan los textos escolares sobre Hitler y el nazismo. También establecer una suerte de apartheid racial en las escuelas y apartheid educativo para los niños y jóvenes con discapacidades.
Por supuesto que la agenda de Siegmund incluye la deportación en masa de inmigrantes, medidas contra el feminismo y contra la diversidad sexual, además del negacionismo sobre el cambio climático y la derogación de las políticas establecidas para contener el calentamiento global.
Esas propuestas explican por sí solas por qué Der Spiegel, el semanario más importante y de mayor tiraje del país y uno de los más grandes de Europa, calificó a Ulrich Siegmund como "el hombre más peligroso de Alemania".
Es revelador de la ola que recorre el mundo que este exitoso ejemplar neonazi sea admirador de Vladimir Putin y de Donald Trump. Pero lo más oscuro es que las urnas muestran, en el país más rico y desarrollado de Europa, que las sociedades occidentales actuales, y en especial sus jóvenes, pueden deslizarse fácilmente hacia el peor de los extremismos, como si desconociera los mayores horrores de la historia, como si no les importaran o como si los consideraran aceptables.
Una señal más de las sombras oscuras que acechan presente y futuro de las democracias liberales.