Miércoles, 09 de Septiembre de 2026

Una cartilla por un fusil

ColombiaEl Tiempo, Colombia 9 de septiembre de 2026


Ricardo Gaitán
El reclutamiento de menores por parte de grupos armados ilegales constituye una de las violaciones más graves de los derechos humanos


Ricardo Gaitán
El reclutamiento de menores por parte de grupos armados ilegales constituye una de las violaciones más graves de los derechos humanos. No se trata solamente de una expresión de la violencia armada, sino de una afectación directa al presente y futuro de los niños. Cada menor reclutado representa una familia sometida al miedo, una escuela debilitada y un territorio donde el Estado no logró llegar a tiempo. Frente a esta realidad, el país requiere una respuesta institucional sostenida y verificable. La prevención del reclutamiento infantil no puede depender de reacciones posteriores a los hechos; debe asumirse como una prioridad nacional que combine seguridad, justicia, protección social, educación y presencia efectiva del Estado en los territorios con mayor riesgo. Colombia necesita una instancia de cubrimiento nacional y de coordinación contra el reclutamiento infantil que integre Gobierno, Fuerza Pública, Fiscalía, Icbf, Defensoría y autoridades territoriales. Esta instancia podría operar con información actualizada, metas públicas y evaluación periódica: niños, niñas y adolescentes protegidos, alertas atendidas, estructuras judicializadas, familias protegidas y escuelas funcionando. El Gobierno debe liderar una política pública integral contra el reclutamiento, con metas concretas, responsables definidos y seguimiento permanente. Esta acción debe priorizar municipios, veredas, corredores fluviales y zonas rurales donde operan los grupos terroristas. Las Fuerzas Militares y la Policía tienen la responsabilidad de garantizar condiciones de seguridad para la población civil, proteger escuelas, caminos y centros poblados, y actuar contra las estructuras que promueven el reclutamiento. Su acción debe estar guiada por inteligencia territorial y pleno respeto por los derechos de las comunidades. La Fiscalía debe fortalecer unidades especializadas para investigar y judicializar el reclutamiento ilícito y delitos conexos. La persecución penal debe dirigirse contra quienes ejecutan el "enganche", y también contra mandos, financiadores, redes de apoyo y responsables del control territorial que hacen posible esta práctica. El Icbf debe contar con capacidad real de atención en terreno, especialmente en zonas rurales de difícil acceso. Los menores desvinculados deben ser tratados como víctimas. La Defensoría del Pueblo, por su parte, debe fortalecer los sistemas de alerta temprana y exigir respuestas oportunas de las entidades competentes. Las autoridades locales cumplen un papel decisivo. Alcaldes, gobernadores, personerías, comisarías de familia, rectores y líderes comunitarios suelen identificar antes que nadie las señales de riesgo: deserción escolar, amenazas, desplazamientos o presencia irregular alrededor de las instituciones educativas. La información permite activar rutas inmediatas de prevención y denuncia. La seguridad se recupera cuando el Estado llega antes que el reclutador, las comunidades viven sin intimidación y los niños permanecen en la escuela. Cada cartilla que se entrega es un fusil menos en manos de un niño.
Analista de marca.
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