A las cosas
Es necesario que, desde la Coalición Republicana, se evite asumir una postura "triunfalista" dando por bueno que el fracaso del actual gobierno es suficiente.
La frase pertenece al gran filósofo español José Ortega y Gasset indicando que es necesario enfocarse en los problemas concretos y relevantes para dar respuesta a las realidades para impulsar los cambios necesarios.
Pues bien, esta frase viene a cuento de lo que entendemos debe ser una de las prioridades de los partidos que integramos la Coalición.
Además de la generación del espacio de coordinación política permanente y, en su momento, de la decisión sobre el formato de presentación electoral, es fundamental avanzar en los contenidos de una propuesta que de certezas a los ciudadanos sobre lo que haría un futuro gobierno de la Coalición.
El país no anda nada bien, hay datos cada vez más evidentes de que la tasa de inversión que el actual Gobierno había dicho que sería la palanca fundamental para impulsar el crecimiento, no sólo no ha aumentado, sino que tiene una tendencia de estancamiento e incluso de disminución que impide cualquier posibilidad de aumentar el ritmo de crecimiento de nuestra economía.
Y con las actuales tasas de crecimiento no hay posibilidad ninguna de resolver los principales problemas que tenemos pendientes.
Por otra parte, el Gobierno no ha desarrollado políticas acordes que generen señales positivas para captar inversiones. Es cierto que el Proyecto de Ley de Competitividad es positivo y va en una línea correcta, pero no va a "mover la aguja" de la manera y con la intensidad necesaria y, además se neutraliza con otras señales cada vez más preocupantes de una conducción débil que no está mostrando tener las soluciones que tanto pregonó en tiempos electorales.
La desaprobación a la gestión del Gobierno y la reducción del apoyo al partido de gobierno son dos realidades evidentes que, además, ocurren muy temprano en el ciclo de gobierno.
Sin embargo, no alcanza con que la ciudadanía manifieste de manera mayoritaria su desaprobación a quienes gobiernan, porque no es automático que la desaprobación de unos implique el apoyo inmediato a los partidos que integramos la oposición. Es más, en el contexto mundial caracterizado por el malestar de los ciudadanos con la democracia y con la política, se corre el riesgo de que el rechazo se extienda a todo el sistema político y, por lo tanto, a la propia democracia; porque no hay democracia sin un sistema de partidos fuerte y activo.
Por eso es necesario que, desde la Coalición Republicana, se evite asumir una postura "triunfalista", dando por bueno que el fracaso y la reprobación del actual gobierno es suficiente para garantizar el éxito electoral futuro.
Tampoco se debe adoptar una estrategia que priorice la confrontación extrema generando un clima de crispación creciente, tendiente a la polarización. La polarización, hoy presente en buena parte de los países de la región no es buena para la fortaleza democrática, ni para la convivencia ciudadana. Esto no significa que no se deba cuestionar, criticar y evitar los graves errores que impulsa este gobierno con diferentes iniciativas que nos pueden salir muy caras. El caso de la Represa de Casupá o la grave conflictividad interminable en el Puerto son dos ejemplos, en ese sentido, emblemáticos.
Por lo tanto, no hay que bajar el perfil de la crítica opositora, ni tampoco que se dejen pasar las situaciones que ameriten su cuestionamiento porque hay que evitarle decisiones costosas al país y marcar con energía las irregularidades que ocurran. Pero buena parte de la energía de la oposición debe enfocarse en la construcción de un proyecto alternativo.
No alcanza con tener las condiciones y el apoyo para ganar. Hay que aprovechar el tiempo para tener, también, muy claro lo que se quiere hacer con el país. En definitiva, hay que construir un proyecto de país.
Esto implica un trabajo conjunto de elaboración de propuestas con soluciones en los diferentes campos de la vida del país; medidas concretas y aterrizadas que se construyan en base al aporte de los tres partidos de la Coalición. Para ello es necesario que, más temprano que tarde, se comience a trabajar y a intercambiar iniciativas e ideas que, aunque cada partido siga impulsando sus propias iniciativas, al mismo tiempo, se vaya construyendo un proyecto compartido.
No hay duda de que la ciudadanía recibirá esta señal con mucho entusiasmo y será un paso decisivo para completar una presentación de la Coalición que efectivamente consolide las garantías de una alternativa ante la decepción que ha generado el actual gobierno.
El país tiene pendientes importantes reformas. Recuperar la seguridad, mejorar la competitividad, incorporar niveles adecuados de innovación tecnológica, transformar de una vez por todas la educación y generar políticas sociales con perfil de integración, entre otras. La tarea es muy exigente, pero de ello depende la recuperación social y el crecimiento económico de nuestra sociedad.
A las cosas, entonces.