Ni tardío ni insuficiente
Lo que el expresidente Luis Lacalle Pou dijo días pasados fue simple y coherente: pidió una "transición real".
Venezuela sigue siendo tema de discusión en la política uruguaya. Solo que, a partir de la captura norteamericana de Nicolás Maduro y la posterior evolución de la realidad venezolana, esa discusión va tomando un cariz surrealista.
Lo que el expresidente Luis Lacalle Pou dijo días pasados fue simple y coherente: pidió una "transición real" en Venezuela con gobernantes electos por la ciudadanía.
Recordó que el 3 de enero, cuando tropas norteamericanas capturaron a Nicolás Maduro, sostuvo que era "un dictador", que a el lo criticaron por no invitar dictadores a su asunción y concluyó con un relativizado vaticinio: "hoy puede amanecer la libertad en Venezuela. Puede. No justifico la intervención armada".
Eso pensó una parte de los uruguayos. Pese a lo cuestionable del método, quizás terminaba la dictadura. Son pocas las dictaduras que (como sucedió en Uruguay en 1983) negocian su retirada. Más bien son derrocadas por la fuerza cuando es evidente que pretenden prolongar su cruel y repersivo poder.
Otra parte de los uruguayos vio el episodio como una brutal intervención imperialista. Lo paradójico, en los dos casos, es que no ocurrió nada de lo que creían que pasaría. Sí, Trump se llevó a Maduro preso, pero la dictadura siguió en pie. Hoy manda el chavismo con Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello. Acuerdan cosas con Trump que nunca hubieran acordado antes; se inclinan ante él, pero siguen en sus cargos.
Quizás en enero Lacalle Pou se apresuró cuando pensó que vendría el fin de la dictadura, si bien es verdad que su apreciacion no fue definitiva. "Puede" volver la democracia, dijo, aunque no estaba del todo seguro.
También el Frente Amplio quedó en falsa escuadra. El imperialismo dio su golpe, pero el chavismo siguió en el gobierno y ni Trump ni Delcy están impacientes por llamar a elecciones.
Es saludable que Lacalle haya hecho nuevas declaraciones, consecuentes con su larga historia de oposición al régimen chavista.
Sin embargo, para el senador Daniel Caggiani lo de Lacalle fue "tardío e insuficiente". Que dirigentes frentistas que siempre fueron chavistas, vean "raro" lo de Lacalle parece un despropósito. Ni a Caggiani, ni a otros frentistas, ni a los sindicalistas les importó la firme resistencia del pueblo venezolano, nunca apoyaron a María Corina Machado, ni a Leopoldo López, ni a Juan Guaidó, hoy todos en el exilio.
El coherente es Lacalle Pou, y lo son todos los que desde el comienzo denunciaron el creciente proceso autoritario iniciado hace más de dos décadas por Hugo Chávez. Por eso ahora reclama "democracia. Instituciones funcionando. Gobernantes electos legítimamente por la ciudadanía. Soberanía. Transición real. Ni negocio ni explotación. De eso se trata y para eso siempre alzamos la voz".
Días pasados María Corina Machado difundió un mensaje donde habló casi en tono presidencial, sereno, claro e inteligente. Sostuvo que el acuerdo entre Trump y Delcy Rodríguez se hizo a espaldas del pueblo. Que un acuerdo de ese tipo debió ser discutido entre las autoridades legítimas de Venezuela con el aval de los representantes del pueblo y por eso primero debió llamarse a elecciones y recién luego haber negociado dichos acuerdos, si era del caso hacerlo.
Con ese planteo revirtió la imagen que dio con aquella visita a Trump en que le regaló su premio Nobel de la Paz. No fue su mejor momento. Desesperaba por lograr el apoyo de un Trump que ya entonces no la tenía en sus planes para Venezuela.
Trump insiste que Venezuela "no está preparada" para que haya elecciones. Se iniciaron algunas conversaciones, pero ni Trump ni Delcy Rodríguez tienen intención de consultar a las grandes figuras opositoras que hoy viven en el exilio. Ambos tienen un común desprecio hacia Corina Machado pese a la contundente victoria que obtuvo en las groseramente robadas elecciones de 2024. Para la alianza chavista-trumpista, en caso de haber una salida, lo ideal sería que fuera sin Machado.
Este es el problema. Para que una salida democrática sea exitosa debe desarmarse pieza por pieza el aparato montado por el chavismo. Y eso no será fácil. Hoy, gracias a la alianza con Trump, podría refortalecer su aparato (no necesariamente su popularidad) sin haberlo pedido.
Una elección en que el chavismo pierda tendría un efecto si, aun perdiendo, no desaparece y otro, si realmente se esfuma. Solo esto último ayudaría a consolidar una nueva democracia con líderes de convicciones claras y partidos fuertes. El fantasma de Marcos Pérez Jiménez desapareció cuando la democracia retornó a Venezuela en los años 60. ¿Desaparecerá el fantasma del chavismo, aun habiendo elecciones? Resolver ese dilema es el primer desafío de Corina Machado y toda la oposición democrática.
Acá mientras tanto, seguiremos marcando diferencias. Caggiani y otros frentistas son ardientes defensores del chavismo, En esa lógica nadie entiende bien porque le sorprende lo dicho por Lacalle Pou, De "tardío" no tuvo nada, Fue consecuente con una postura mantenida desde largo rato.