Izquierda, centro y derechas
No es bueno que crezca la derecha, para ello es urgente fortificar los centros.
Una reciente encuesta deEquipos Consultores muestra resultados que relacionados con los referidos a la popularidad del Presidente Orsi - 51% de desaprobación frente a un 28% de aprobación- no son de fácil comprensión. Sorprende que su principal apoyo, hacia dentro del FA, se lo otorgan los sectores más radicales, mientras se lo niegan los más inclinados al centro de su propia coalición. Un resultado que plantea un extraño efecto político, los agrupamientos que más lo critican son aquellos que más apoyo le prestan. Probablemente porque piensen que aún cuando no coincidan con sus política el Frente Amplio es la única alternativa con que cuentan. Sin ella desaparecen.
Considerando la totalidad del espectro electoral, la encuesta muestra que la derecha comienza a predominar sobre la izquierda, mientras el centro del espectro se mantiene mayoritario y estable. Lo cual no debería extrañar en tanto es ocupado preferentemente por los partidos tradicionales, que si en 2011 exhibían un 37% de votantes con inclinaciones de centro, quince años después retienen un 39% de ellos. Lo que revela un posicionamiento ideológico estable reflejado en sus propuestas, que miradas en su conjunto, se repiten, en una prudente atonía programática. Salvo por una tenue retirada del estatismo que en su momento enarboló el Partido Colorado y hoy no repite. Inesperadamente esta estabilidad en sus adherentes no se reproduce en la izquierda que en el mismo período, cruzada por modificaciones profundas en sus programas, (del socialismo a Orsi,) pierde el 10% de sus simpatizantes. A pesar que este declive no se traduzca en resultados electorales. Tal como si hubiera un desfasaje entre lo que muchos ciudadanos piensan, o mantienen como horizonte político/ideológico y sus decisiones al votar, particularmente en la segunda vuelta, donde los ideologemas valen menos,
De todos modos y más allá de elucubraciones, lo cierto es el país presenta un corrimiento programático hacia la derecha nada notorio a primera vista. Menos aun si quien triunfó electoralmente, como aquí ocurrió, fue una coalición que se considera orgullosamente de izquierda y rehuye cualquier atenuante a esa definición. Lo cual dificulta aún más la interpretación de esta encuesta.
Probablemente ocurra que a nuestra derecha, a diferencia de lo que pasa en el mundo, la derrota de los 70 la haya dotado de características propias. Ajenas a las de la derecha predominante en el planeta, obsesivamente nacionalista con impregnaciones racistas, contraria a los inmigrantes, volcada al mercado, rebelde frente al surgimiento de identidades grupales (niega el feminismo), de dudoso democratismo, critica a toda regulación de la convivencia entre naciones y plegada, sin condiciones, al predominio en todos los aspectos a los Estados Unidos. Afortunadamente no es ése el perfil de nuestra derecha que sigue manteniendo fuertes raíces doctrinarias en el centro y carece de organizaciones y programas propios. Salvo voces aisladas en el Parlamento nadie pretende formar parte del Escudo de las Américas o apoyar las incomprensible guerras que asolan el planeta. Aún con estos atenuantes no es bueno que crezca la derecha, para ello es urgente fortificar los centros, reafirmando la democracia especialmente la inspirada en el liberalismo igualitarista.