Baquedano reivindicado
El acto de este sábado será doblemente reparatorio.
Las Fiestas Patrias tendrán este año uno de sus hitos en la avenida Providencia, en Santiago. Allí, el próximo sábado y tras haber participado en la Parada Militar del Parque O'Higgins, unos dos mil efectivos de las escuelas matrices desfilarán ante el monumento al general Baquedano. El acto será reparatorio en un doble sentido.
Desde luego, permitirá a la ciudadanía volver a apreciar tanto la estatua ecuestre del general -obra del escultor Virginio Arias-, reinstalada en marzo de este año, como su plinto, sometido a un complejo proceso de restauración. Pendiente queda la recuperación de las placas conmemorativas ubicadas en la base, así como de las otras obras que integraban el conjunto escultórico, lo cual la Municipalidad de Providencia espera financiar mediante una colecta pública.
Pero aún más relevante es la reparación simbólica hacia uno de los mandos militares más destacados de nuestra historia, cuya figura fue vejada con saña después del 18 de octubre de 2019. Es probable que muchos de los vándalos que atacaron una y otra vez la estatua, intentando derribarla y hasta quemarla, ignoraran quién era Baquedano, pero decidieron hacer de su monumento y de la plaza que lleva su nombre el emblema de su acción destructiva. Y, vergonzosamente, políticos de izquierda -y aun de centroizquierda- se apresuraron a celebrar aquella irracionalidad, en tanto artistas y académicos elaboraban enrevesados discursos para justificarla.
Desde esa perspectiva, el desfile de este sábado marcará un significativo contraste con las imágenes de hace casi seis años y será, además, una oportunidad para reflexionar sobre lo ocurrido entonces. Pero no solo sobre la violencia del vandalismo, sino, sobre todo, respecto de la incapacidad para condenarlo. Visto hoy, resulta, por ejemplo, casi inverosímil el candor con que un poeta, Premio Nacional de Literatura, declaraba que le hubiera "encantado estar en la primera línea" y que también le encantaba "cómo se ve el general Baquedano de todos los colores". No menos insólitas parecen las disertaciones de celebrados catedráticos vinculando los ataques a Baquedano con la lucha anticolonialista o sentenciando que borrar los rayados de los manifestantes era "tan violento" como vandalizar un monumento. Y ello, para no hablar de políticos como el senador Quintana (PPD), reaccionando indignados por la rapidez con que el gobierno de la época limpiaba la escultura, luego de que esta fuera pintada de rojo, en 2020. Por cierto, el mismo Quintana y su colega Yasna Provoste (DC) promovían por esos días reemplazar la estatua de Baquedano por una de Gabriela Mistral, intentando establecer una disyuntiva absurda de la que en su momento también se hizo eco el expresidente Boric, bajo el caprichoso argumento de que el general (un héroe de guerra aclamado por sus contemporáneos) era una figura que "dividía".
En ese contexto, con una parte de las élites políticas e intelectuales insistiendo en justificar lo injustificable, no extraña tanto que todavía en 2024 la ministra del Interior de Boric, Carolina Tohá, confesara que le daba "miedo" reinstalar la estatua en su lugar. Dos años después, es, al menos, valioso que ese miedo ya no paralice a las autoridades y que una figura histórica vuelva a recibir el homenaje de su país.