Martes, 15 de Septiembre de 2026

Editorial

ColombiaEl Tiempo, Colombia 15 de septiembre de 2026

Lamentarse no basta
Hace una semana el mundo conoció los resultados de las pruebas Pisa y desde entonces Colombia no ha dejado de discutirlos

Lamentarse no basta
Hace una semana el mundo conoció los resultados de las pruebas Pisa y desde entonces Colombia no ha dejado de discutirlos. El deterioro no es solo colombiano. En los países ricos los puntajes son los peores desde que la prueba arrancó en 2000 y un joven de 15 años lee hoy como uno de 14 hace una década. El diagnóstico está hecho y se repite cada tres años. Lo que falta es la decisión de actuar antes de que llegue la próxima medición y volvamos a lamentarnos con las mismas cifras en la mano. Esos números no son de matices. Colombia obtuvo 414 puntos en Ciencias, 399 en Lectura y 381 en Matemáticas, lo que la deja 68, 62 y 82 puntos por debajo del promedio de la Ocde. El 43,9% de los estudiantes quedó por debajo del nivel mínimo de competencia en las tres áreas a la vez, frente a 19,7% en la Ocde. Apenas 1,1% alcanzó los niveles más altos, contra 11,9% del promedio del organismo. Más grave que el promedio es su distribución. En Colombia el entorno económico y social explica 17,4% de la variación del desempeño en Ciencias, por encima de 11,6% de la Ocde. Entre el cuarto más favorecido y el más desfavorecido hay 93 puntos de diferencia, y Pisa calcula que 20 puntos equivalen a un año escolar. El economista Felipe Barrera, de la Universidad de Vanderbilt, lo describió como "un equilibrio de baja calidad en educación" del que el país no sale desde 2006, pese al aumento sostenido del gasto público en el sector. El costo no es solo social. Los economistas Ludger Woessmann y Eric Hanushek estiman que subir 25 puntos en Pisa elevaría medio punto porcentual el crecimiento anual de los países ricos. Sin capital humano no hay productividad, y sin productividad no hay ingreso per cápita que crezca. La hoja de ruta ya está escrita. Fedesarrollo publicó hace unas semanas Educación pertinente, un documento de política para el gobierno 2026-2030 elaborado por Ximena Cadena, David Gelvez y Claudia Quintero. Allí está la otra cara del problema. El 51% de los jóvenes entre 17 y 21 años no asiste a ninguna institución educativa, solo 43% de los bachilleres transita de inmediato a la educación superior y 2,6 millones de jóvenes entre 15 y 28 años no estudian ni trabajan, el 24,8% de ese grupo. El desajuste con el mercado laboral cierra el círculo. El 66,3% de los jóvenes aspira a ocupaciones profesionales cuando solo 11% de las vacantes corresponde a ese perfil, y 66% de los empleadores declara que no encuentra el talento que necesita. Lo relevante es que ninguna de las seis recomendaciones exige reforma legal o constitucional. Se trata de gestión, información y coordinación. Un sistema de protección de trayectorias que integre los datos del Ministerio y alerte a tiempo sobre quién está a punto de abandonar. El escalamiento de la articulación entre la media y la posmedia, que en el caso de la Doble Titulación del Sena redujo la deserción 10,2% entre décimo y once y elevó 7,73% la inserción laboral formal. Y una plataforma seria de información sobre demanda laboral, después de que dos intentos previos murieran sin explicación. Nada de eso resuelve por sí solo lo que Pisa mide, que es la calidad del aprendizaje. Esa tarea pasa por quién enseña, cómo se forma y qué apoyo recibe en el salón de clase. Pero empezar por lo ejecutable es mejor que seguir discutiendo el termómetro. El gobierno que se posesionó tiene cuatro años y una agenda viable sobre la mesa. La cohorte que presentará la próxima prueba ya está en los salones de clase.
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