"Puritanismo" polarizante
El uso de la indignación moral como arma política erosiona la democracia.
La democracia enfrenta en las más diversas latitudes obstáculos para legitimarse, como lo atestiguan estudios de organizaciones como IDEA y Freedom House, las que han advertido de reducciones significativas en la adhesión que este sistema concita. No hay una única explicación. Algunos expertos plantean que los regímenes democráticos, a diferencia de lo que sucedió después de la Segunda Guerra Mundial, han dejado de aportar bienestar a grupos importantes de la población, volcando el clima de opinión en favor de líderes populistas de talante autoritario.
Pero también hay -algo cada vez más frecuente- un aumento en la polarización tanto ideológica como afectiva, que daña la capacidad de diálogo. Isaiah Berlin solía recordarnos que en sociedades complejas existen valores que inevitablemente entran en conflicto. En las democracias, empero, es posible deliberar en torno a ellos y, por medio del proceso legislativo, elegir un camino. Esto, además, no significa dejar de reconocer a aquellos cuyos valores quedan postergados, porque finalmente son miembros de una misma comunidad política.
Sin embargo, el surgimiento de demandas identitarias y los efectos de las redes sociales, por los compartimentos estancos que generan, han debilitado ese reconocimiento del "otro". En cambio, en una suerte de puritanismo laico, se instala la pretensión de que todas las dimensiones de la vida deban estar marcadas por la adhesión a un grupo de creencias específicas que han de ser siempre visibles, pues definirían la única postura aceptable. El debate público adquiere, así, una fuerte carga moral, que desconoce el pluralismo propio de las democracias, invitando a la polarización: "nosotros", los puros, contra todo aquel que se aparte de esa pureza. Ejemplos internacionales de estos días lo muestran.
Un caso es el del boicot a la empresa Allianz, en la Feria de Ideas de Madrid, por haber comprado bonos al Estado de Israel, olvidando que una adquisición diversificada de estos papeles, por su naturaleza de aseguradora y reaseguradora, es indispensable para cumplir con sus obligaciones. La gira estadounidense de Ed Sheeran, cantante británico, ha sufrido un episodio similar después de que uno de sus teloneros fuese suspendido de ella por lanzar controvertidas proclamas propalestinas en su actuación, las que llevaron a que los propietarios de recintos en los que se presentaría el espectáculo vetaran su presencia. Aunque la decisión no fue de Sheeran, se lo ha puesto en el centro de los cuestionamientos morales por su resistencia a tomar posición tanto respecto de este incidente como de la guerra en Gaza. En fin, no menos cargada de descalificaciones mutuas es la discusión que se ha abierto en España luego de que tres jugadores del Real Madrid cubrieran parte del mensaje en solidaridad con Ceuta que el club les hiciera llevar.
Movimientos de izquierda han solido encabezar este tipo de controversias, en una apuesta por hacer de la indignación moral un arma política, pero la estrategia empieza a ser replicada también por otros sectores, sustituyendo la argumentación por el anatema. El resultado no es otro que el debilitamiento de la convivencia democrática.