Dejar de digitalizar la burocracia
Visualice esta escena: madruga para hacer una fila virtual y solicitar un certificado médico o un subsidio de vivienda
Visualice esta escena: madruga para hacer una fila virtual y solicitar un certificado médico o un subsidio de vivienda. Adjunta varios documentos escaneados, espera semanas y luego una ventanilla digital le responde que debe presentar otro certificado que expide otra entidad pública. Hemos avanzado en tecnología, pero no siempre transformamos el servicio. En algunos casos pusimos pantalla a la burocracia de siempre. Lo bueno es que hoy podemos conectar procesos y organizar las huellas de la gestión pública. Un ciudadano solicita un servicio. Una entidad planea una compra. Se asigna un presupuesto, se firma un contrato. En algún lugar queda registrado si la obra avanzó o si llegó el servicio que justificó el gasto. Tenemos millones de datos contando pequeñas partes de una misma historia. La cuestión es si logramos leer completa la historia de la gestión pública. El ‘Digital government outlook 2026’, de la Ocde, plantea pasar de capacidades digitales a una transformación sistémica y deja un dato clave: solo uno de cada cuatro países evalúa si los proyectos digitales lograron los resultados prometidos. Un Estado tecnológico lo es con el ciudadano y en su funcionamiento interno. Pensemos en tres dimensiones: trámites que faciliten la vida, procesos más eficientes y controles para actuar a tiempo. Los trámites. Si un trámite tiene doce pasos, podríamos automatizar los doce y hacerlos más rápido. O preguntarnos primero: ¿realmente necesitamos los doce? Si una autorización perdió sentido, ¿vale la pena automatizarla? ¿Qué información se requiere realmente del ciudadano? A veces, modernizar consiste también en dejar de hacer. Los procesos. Detrás de cada trámite hay personas, decisiones, información y recursos. La tecnología permite conectar datos, eliminar duplicidades, automatizar tareas rutinarias y encontrar cuellos de botella. La IA es una herramienta con la capacidad de aumentar la productividad o prestar un mejor servicio si la usamos donde se debe, siempre acompañada de ciberseguridad. El control. Entre la Nación y los territorios se administran presupuestos que superan los 900 billones de pesos y, solo en 2025, se celebraron más de 1,2 millones de contratos públicos. Cada operación va dejando huellas; presupuesto, proveedor, precio, modificaciones, facturas, avances y pagos. Si logramos conectar esas huellas, la misma tecnología que ayuda a ejecutar puede ayudarnos también a cuidar los recursos. Imagínense revisar ese volumen de datos manualmente. La auditoría continua es un buen ejemplo. Mediante datos y analítica es posible revisar grandes volúmenes de operaciones de manera frecuente y mucho más cercana al momento en que ocurren. Un precio que se aparta significativamente de otros comparables, una modificación inusual o un pago que no parece corresponder con el avance reportado pueden generar una alerta. Una alerta no demuestra una irregularidad. Nos dice dónde mirar. Y mirar a tiempo importa. Permite al gerente corregir antes; al control interno, concentrarse donde aparecen mayores señales de riesgo, y a la ciudadanía, contar con mejor información para seguir los recursos. Así, cada peso invertido en tecnología puede medirse también por el impacto logrado; un subsidio asignado oportunamente, horas ahorradas al ciudadano o la revisión a tiempo de un contrato público. Las tres dimensiones pueden encontrarse, pues el ciudadano, el servidor público y la sociedad esperan que el Estado utilice mejor la información que ya posee. <c15>Dejar de digitalizar la burocracia significa simplificar lo innecesario, conectar lo que está aislado y usar la tecnología para actuar a tiempo. Analizando qué queremos transformar con la tecnología, la información y la innovación. Así, el valor público de la tecnología aparece cuando nos ayuda a hacer mejor lo que realmente le importa a la gente.
Un Estado tecnológico
Patricia Rincón Mazo
Hemos avanzado en tecnología, pero no siempre transformamos el servicio. En algunos casos pusimos pantalla a la burocracia
de siempre.