Martes, 22 de Septiembre de 2026

La lección china

ChileEl Mercurio, Chile 22 de septiembre de 2026

Las naciones no recuerdan siempre de la misma manera

Las naciones no recuerdan siempre de la misma manera. Cambia el presente y cambia también lo que deciden rescatar, olvidar o mirar con otros ojos.
En estos días en que se agudiza la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China por el control de la IA, y Chile reverdece el relato de su propio origen, me he detenido a aprender una pizca sobre el gigante asiático. Siguiendo a Heráclito ("la guerra es padre de todas las cosas y rey de todas"), me he preguntado qué participación tuvo China en la Segunda Guerra Mundial, cómo fue reconocida por los vencedores, y qué hace hoy con esa memoria.
La imagen de la guerra que prevalece en Occidente la muestra en el escenario europeo. Del frente oriental europeo, donde Alemania sufrió el grueso de sus bajas, se sabe mucho menos. En Asia, esa imagen arranca recién con el ataque japonés a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Y de la guerra sino-japonesa, iniciada ya en julio de 1937 y prolongada hasta agosto de 1945, se sabe casi nada.
Como señala el historiador británico Rana Mitter en Forgotten Ally: China's World War II, 1937-1945 (2013), el curso de la guerra pudo haber sido muy distinto sin la resistencia china frente al invasor. No era una China unificada: el país estaba dividido entre el gobierno nacionalista (Kuomintang) de Chiang Kai-shek, las zonas comunistas de Mao Zedong y los territorios ocupados por Japón. Pero, pese a las divisiones internas -que a veces confundían la guerra contra el invasor con la guerra civil- y a la extrema escasez de recursos, nacionalistas y comunistas resistieron al enorme poderío japonés.
Los sufrimientos del pueblo chino durante la guerra tienen poco parangón. La masacre de Nankín, perpetrada durante semanas por el ejército japonés, fue uno de los episodios más atroces. Las hambrunas, como la de Henan en 1942-1943, mataron a millones de personas. Y, en junio de 1938, Chiang llegó a ordenar la ruptura de los diques del río Amarillo para frenar el avance japonés, lo que causó cientos de miles de muertos y convirtió a millones de personas en refugiados.
Pero el costo no fue solo material. Aunque China integró la alianza contra el Eje, debió negociar sus prioridades con Washington y Londres, lo que dejó una honda sensación de subordinación entre los dirigentes chinos.
Terminada la guerra con Japón, la lucha continuó, ahora entre Chiang y Mao. Los nacionalistas tenían más territorio, hombres y armamento, pero el equilibrio se volcó hacia Mao en 1948-1949, apoyado en un Estado sólido con arrastre en las zonas rurales, y un partido depurado ideológicamente. El régimen nacionalista, en cambio, estaba desgastado por ocho años de guerra, inflación y luchas internas.
Durante la era de Mao, la memoria oficial puso el acento mucho más en la revolución comunista y en la derrota de los nacionalistas que en la guerra contra Japón. Incluso episodios como Nankín o el bombardeo de Chongqing, la capital nacionalista durante la guerra, ocuparon un lugar secundario. Esto comenzó a cambiar en los años ochenta. En 2005, Hu Jintao reconoció abiertamente que las fuerzas del Kuomintang habían constituido el grueso de la resistencia en los grandes frentes de batalla. Y bajo Xi Jinping, especialmente a partir de la gran conmemoración de 2015, la guerra contra Japón adquirió una centralidad todavía mayor en el relato nacional.
China ha venido así incorporando a la memoria oficial a los nacionalistas y, con ellos, un pasado que también pertenece a Taiwán. No es un gesto desinteresado. Sirve a la recuperación de la isla y a la unidad nacional, así como a la pretensión de ser reconocida como uno de los grandes vencedores de 1945 y fundadores del orden internacional surgido de la guerra. Expresa, asimismo, el resentimiento ante una memoria occidental que durante décadas minimizó su sacrificio y su contribución a la derrota de Japón.
Pero quizás haya algo más. China recompone una historia nacional más larga para situarse en el escenario que viene. Es otra lección que convendría aprender.
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