IA y la mirada equivocada
Víctor Muñoz
Mientras Estados Unidos y China se pelean chips, modelos, centros de datos y energía, Europa, África y América Latina siguen gastando oxígeno en cómo regular la IA
Víctor Muñoz
Mientras Estados Unidos y China se pelean chips, modelos, centros de datos y energía, Europa, África y América Latina siguen gastando oxígeno en cómo regular la IA. Quienes construyen los modelos más avanzados admiten que escalan capacidades sin entender del todo qué ocurre adentro. Aun así, casi nadie quiere frenar por el costo económico y político. Si OpenAI, Anthropic o Google disminuyeran el ritmo, ¿DeepSeek y Qwen harían lo mismo? ¿India, Corea, Japón? Esto ya no es un debate de laboratorio. Es poder económico y geopolítico. Por eso la pregunta útil para Colombia no es "¿cómo regularlos?". Es "¿dónde sí podemos competir?". No fabricamos chips. No entrenamos los modelos fundacionales. No tenemos la capacidad de cómputo de Washington ni de Pekín. Tenemos energía relativamente limpia, pero costosa. Hay riesgos reales: privacidad, sesgos, ciberseguridad, propiedad intelectual, menores y decisiones automatizadas. La mirada equivocada es inventar una norma nueva para cada titular. Primero hay que preguntar qué ya cubre la gobernanza actual, cuáles son los vacíos reales y si a un país que no define la frontera tecnológica le sirve sumar más fragmentación. Regular mal no nos vuelve líderes. Nos vuelve más lentos. Nuestro riesgo mayor no es que la IA se desborde. Es que la productividad se quede quieta mientras otros países la usan para producir más con el mismo volumen de personas. Colombia debería avanzar en cuatro frentes: talento, adopción, energía y datos. Talento no es solo un grupo de investigadores. Son millones de profesores, médicos, abogados, servidores públicos, empresarios y estudiantes capaces de trabajar con IA. Adopción es la pyme que automatiza, el hospital que atiende mejor, el agricultor que decide con información y el Estado que elimina trámites. Cuenta el proceso que se transforma para ser más eficiente. Si queremos centros de datos, no basta un documento CONPES. Los inversionistas llegan donde hay energía abundante, confiable y competitiva; transmisión real; autogeneración y almacenamiento; seguridad jurídica y costos que cierren. Y los datos. El Estado acumula información que casi nadie puede usar. Hacen falta datos públicos, anonimizados, interoperables y disponibles por API para que empresas, universidades y emprendedores construyan encima. Sin datos usables, la IA nacional es un discurso. Colombia no necesita inventar el próximo GPT para capturar valor de esta revolución. Necesita usarla donde sí cambia el resultado: en la empresa, en el campo, en el aula y en el Estado. Necesita que una pyme en Bucaramanga, un agricultor en Boyacá, un estudiante en Ciudad Bolívar o un funcionario en cualquier ventanilla hagan con IA lo que hace tres años era imposible. Colombia necesita menos retórica sobre inteligencia artificial, y más inteligencia artificial resolviendo problemas.
Emprendedor, investigador, analista.