Jueves, 24 de Septiembre de 2026

Poniendo el reloj en hora

UruguayEl País, Uruguay 24 de septiembre de 2026

Los sindicatos desbocados son incompatibles con una democracia sana.

En 2019 ganamos la elección y aprendimos muchas cosas, pero con eso no alcanzó. Al país le urge que ganemos la próxima y conviene insistir con eso ahora, sin esperar a la víspera de la elección que viene. Los tiempos y la coyuntura apremian, no podemos llegar a la contienda talenteando.

Y hago hincapié en esto con el mismo tono con el que habló Luis en la Plaza Matriz por los 190 años del partido: sin ofender al adversario, pero sin vaguedades ni medias tintas. Firmes con las ideas, suave con las personas, defendiendo a ultranza esta consigna que no es postureo, sino método de gobierno puro. Porque resume lo mejor de nuestra orientalidad, y porque ayuda a sostener nuestras ideas sin romper los puentes que necesitaremos para gobernar.

Thatcher y Reagan no llegaron al poder para sentarse en el sillón. Reformaron al Estado haciéndolo más eficiente, le recortaron privilegios que asfixiaban a la gente y coartaban el desarrollo, y le quitaron al poder sindical la capacidad de anular decisiones de gobiernos elegidos por la gente. Todo esto no fue una suerte de revancha ideológica, pasó por entender a cabalidad que una democracia donde un grupo de presión puede detener al país entero no funciona como una democracia totalmente plena. Por más que parezca. Nuestra coalición le puso límites a un proyecto que entreveraba Estado con partido y sindicatos con cogobierno, pero solo limitar no es desplazar. Con eso no alcanza. El socialismo yorugua sigue instalado en los organismos públicos, en la enseñanza, en el aparato sindical, en los medios que construyen agenda y opinión todos los días. Por eso, ganar una elección y no tocar esos centros de poder es ganar una batalla y dejar la guerra sin librar.

El desafío es acordar con nuestros socios los mecanismos -veremos en que grado- más idóneos para triunfar en la próxima elección. Esto es coordinación entre los partidos que formamos la coalición con disciplina como para no dispersar el voto en un país donde cada uno pesa y mucho, y capacidad de reconocer con humildad lo que no hicimos bien la vez pasada.

Los sindicatos desbocados -negociando como si gobernaran y paralizando servicios fundamentales sin más límite que su propio interés- son incompatibles con una democracia sana. Y esto no es cosa de limitar el derecho de huelga ni la negociación colectiva, se trata únicamente de devolverle al Estado la autoridad que le es intrínseca: la de poner orden; y de recordarles a los ciudadanos que las reglas solo las impone la ley y no la presión de una minoría con poder de bloqueo.

Además hay un dato de la realidad que no puede faltar en este breve análisis: Trump entra en sus últimos años de gobierno y eso vuelve más inestable el tablero internacional. Cambian los esquemas de cálculo del gobierno americano, los de sus socios y también los de sus adversarios. No podemos mirar solo hacia adentro y desentendernos del mundo. Esto es motivo para despertarnos.

Es hora de poner el reloj en hora: dejar de conceder lo que no hay por qué dar, prepararnos para la contienda que viene, y hacerlo mirando también hacia afuera porque el mundo no nos va a esperar ni tener compasión.
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