Jueves, 24 de Septiembre de 2026

IA: Presente, futuro y también historia

ChileEl Mercurio, Chile 24 de septiembre de 2026

¿Cómo entender la IA actual sin conocer su historia, sin enterarnos de qué ha ido y cuáles sus momentos de alza y de baja?

Hemos abusado de la palabra "naturaleza". Con frecuencia nos referimos a la "naturaleza" del derecho, o de este u otro contrato en particular, o de la política, o del arte, o de los derechos humanos, y en ocasiones nos valemos de un término aún más inapropiado y enigmático: "esencia". "La esencia de...", decimos a cada momento, en circunstancias de que lo que hay detrás puede ser solo una convención.
Así se trate de las cosas más importantes, lo que estas tienen no es naturaleza y menos esencia. Lo que tienen es historia. Historia, es decir, hechos del pasado que se suceden en un tiempo y lugar determinados, y que también reconocen una historiografía, entendiendo por esta última el registro, relato y explicación de hechos del pasado, siempre acompañados de alguna interpretación a cargo de los historiadores.
La inteligencia artificial también tiene historia, o sea, pasado, antecedentes y, sobre todo, proyecciones. Ella, la IA, nos entusiasma y asusta a la vez, tal como ocurrió con la energía atómica, que en la actualidad permite iluminar por completo algunas de las más grandes y pobladas ciudades del planeta. Para temerla o para celebrarla, o para ambas cosas, es preciso conocer algo de la historia de la IA. ¿Cómo entender la IA actual sin conocer su historia, sin enterarnos de qué ha ido y cuáles sus momentos de alza y de baja?
Una historia que es muy reciente, puesto que parte antes de la primera mitad del siglo pasado, si bien sus mayores aplicaciones y desarrollos empezaron a avistarse y tener efectos recién en nuestro siglo. En la historia de la IA algunos se remontan a la Grecia Antigua, por ejemplo, a Hefesto, considerado dios del fuego y la metalurgia. Pero este remoto antecedente de la IA podría haberla perjudicado: Hefesto, cojo y de mal ver, fue repudiado por su madre y expulsado del Olimpo por Zeus, para terminar trabajando en una fragua. Como ustedes ven, nada muy promisorio tratándose del posible abuelo de la IA. Los mitos sirven para llenar los huecos de todo cuanto desconocemos, pero las actuales inteligencias artificiales en uso no son un mito. Otro antecedente de la IA, mucho más reciente, es el célebre relato acerca de Frankenstein -de la escritora Mary Shelley-, una creatura con forma humana, armada con órganos y miembros arrancados de cadáveres, y que, una vez con vida, se rebeló contra sus contemporáneos, causando mucho mal, lo cual tampoco es un antecedente muy auspicioso de nuestra actual IA
Todos coinciden en que el científico Alan Turing (1912-1954) fue decisivo para los inicios de las computadoras y la IA, no obstante que su nombre y prestigio vinieron a instalarse cuando ya había muerto. Pero es necesario ir más allá de la figura y obra de Turing, junto con lamentar que su suicidio haya sido provocado por su procesamiento judicial bajo la acusación de observar una "conducta indecente". Fue víctima de castración química, impuesta como castigo por sus así consideradas conductas sexuales aberrantes.
Hay obras que relatan acertadamente la historia de la IA, y haríamos bien en revisar alguna de ellas; por ejemplo, el libro que este año publicó en Chile Fondo de Cultura Económica, "Breve historia de la inteligencia artificial", de Michael Wooldridge, que concluye con un argumento del propio Turing: si una máquina consigue hacer algo que es indistinguible de lo real, entonces no tiene tanta importancia discutir si ella es consciente o no. Pero, y además de eso, ¿una máquina que contará con autonomía para tomar decisiones?
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