ONU, urgencia de cambios
En medio de generalizadas críticas a Naciones Unidas, se realizó su 81 {+a} Asamblea General, que la confirma como el principal foro mundial, al que acude casi la totalidad de los jefes de Estado y de Gobierno, o sus delegados, a pesar de su sostenida pérdida de influencia e ineficacia.
La reforma estructural de Naciones Unidas es demandada desde hace más de medio siglo, por la disfuncionalidad del Consejo de Seguridad, tres de cuyos cinco miembros permanentes con derecho a veto -China, Estados Unidos y Rusia- han impedido a la organización actuar en las guerras de Irán y Ucrania, en el conflicto entre Israel y Palestina, y en las guerras civiles de Myanmar, Yemen y Sudán. Semejante situación se ha mantenido por más de cinco décadas. Algunos señalan que la última vez que NU tuvo alguna incidencia para solucionar un conflicto importante fue con el secretario general U Thant, en 1962, en la crisis de los misiles entre Cuba, EE.UU. y la Unión Soviética.
A pesar del mal funcionamiento del Consejo de Seguridad, no hay ninguna señal de que los miembros permanentes estén dispuestos a renunciar, limitar o compartir su derecho a veto con otros países.
La hipertrofia de la ONU, sumada a la incompetencia de su ideologizada burocracia, mayormente de izquierda, es considerada la segunda de sus falencias. Conocido es que, por ejemplo, en materia agrícola, tres organismos con propósitos similares coinciden en Roma. Redundancia parecida se presenta en migración y en muchas otras agencias. El despilfarro es evidente. "Se acabó la fiesta", afirma un artículo en la revista Foreign Affairs. En una década, los ingresos combinados de toda la organización se han casi duplicado, con un incremento de varios miles de funcionarios que gozan de elevadas remuneraciones, pensiones y otros beneficios, incluidas inmunidades y la impresentable exención de impuestos.
El dispendio reduce la disponibilidad de fondos para labores humanitarias y, junto con la ideologización funcionaria e institucional, conspiran contra la meritocracia y el pragmatismo, y desalientan los aportes voluntarios de los países. EE.UU. se ha retirado de numerosas agencias, entre ellas la OMS y la Unesco. Y existe una altísima morosidad: solo Washington adeuda varios miles de millones de dólares. Ni China ni los miembros de la Unión Europea, muchos de ellos también morosos, parecen dispuestos a llenar ese vacío. Mientras, su propia hipertrofia aleja a la organización de sus fines prioritarios, siendo el primero mantener la paz y la seguridad internacionales.
Racionalizar y priorizar la gestión será impostergable tarea del próximo secretario general. Hay consenso en que la organización experimenta la mayor crisis, y no solo financiera, desde su fundación. Quien asuma el 1 de enero de 2027 estará forzado a reducir drásticamente el tamaño y gastos, y volver a su misión esencial.
Los previsibles debates de la 81a Asamblea GeneralLa primera intervención siguiente al presidente de la Asamblea y al secretario general corresponde a Brasil, según acuerdo desde la fundación de Naciones Unidas; luego es el turno del anfitrión, Estados Unidos, y a continuación, los restantes cerca de 200 participantes, conforme a una variedad de consideraciones. La de mayor aplicación es el orden de inscripción que, para calificar en los primeros lugares, supone segundos en llenar las solicitudes correspondientes. Quedan postergados quienes sean delegados de los jefes de Gobierno, lo que ocurrió en el caso de China, representada por su vicepresidente. El Presidente Kast intervino en el lugar 11, con un discurso moderado, muy distinto a la agresividad de su predecesor.
La mayor audiencia e interés, como es obvio, la logran los líderes mundiales, que se explayan principalmente sobre los asuntos globales. Lo corriente es que los restantes oradores expongan los planes y logros de sus gobiernos. En esta ocasión, se repitieron las críticas por la inoperancia de Naciones Unidas para garantizar la seguridad, desarrollo y cooperación internacionales.
El debate en la Asamblea fue fiel reflejo del caótico panorama internacional, con intervenciones poco novedosas y predecibles, salvo por la incorporación de la polémica regulación de la inteligencia artificial. Ásperas fueron las intervenciones de los presidentes Erdogan, de Turquía; Pezeshkian, de Irán, y especialmente, del Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y del Presidente Trump. El Presidente Milei, junto con destacar los logros de su gobierno, reiteró con energía el reclamo de la soberanía argentina en las Malvinas, no sin antes tratar de "parásitos" a funcionarios de NU. Las amenazas del crimen organizado fueron materia de sucesivas referencias por los presidentes Kast, Fujimori, Paz y otros, incluido el Presidente Lula, quien agregó con sarcasmo: "para lo cual no se necesitan portaaviones".
Despliegue de pompa para Xi en EE.UU.Los presidentes de China y Estados Unidos se han reunido seis veces, pero solo dos han sido recíprocas visitas de Estado: en mayo, en Beijing, y el jueves y viernes pasados, en Washington, con una pompa impresionante que sirve a Xi para demostrar a su pueblo que China está a la par de EE.UU.
Se sabe que la agenda fue nutrida, incluyendo Irán, Ucrania y Taiwán como temas. No hay registro público de los entendimientos logrados, salvo la prórroga hasta enero de 2027 de la tregua en la guerra comercial. De haber habido un acuerdo significativo, Trump lo habría hecho saber.
Esta frecuencia de reuniones y demostraciones de buen entendimiento podría favorecer la pacífica gestión de los actuales y futuros desencuentros entre los dos líderes más poderosos del mundo.