Cielos del norte bajo presión: el desafío de contener el avance de la luz artificial
La expansión urbana y el desarrollo de actividades mineras y energéticas incorporan nuevas fuentes de luz en las regiones donde se concentra la actividad astronómica. Aunque existe una regulación específica, expertos advierten que aún faltan herramientas para medir el efecto acumulado de estas emisiones sobre la oscuridad del cielo nocturno.
Desde octubre de 2024 está vigente la Norma de Emisión de Luminosidad Artificial Generada por Alumbrados de Exteriores (DS 1/2022), que establece límites para las emisiones de luz artificial. En las áreas astronómicas, las nuevas fuentes emisoras deben cumplir sus exigencias desde esa fecha, mientras que en el resto del país deberán hacerlo a partir del próximo 19 de octubre. Para las fuentes existentes, los plazos dependen de su ubicación y, en las comunas sujetas a la regulación astronómica, llegan hasta octubre de 2029.
Según los especialistas, la luminosidad artificial en el norte del país ha ido en aumento. Ciudades, faenas mineras y proyectos energéticos incorporan constantemente nuevas fuentes de iluminación en las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, donde se concentra buena parte de la actividad astronómica.
Gabriela López, directora de la Oficina de Protección de la Calidad del Cielo del Norte de Chile (OPCC), dice que "se ve un crecimiento acelerado de la luminosidad artificial en los últimos 15 años. La masificación de la tecnología LED ha contribuido a este fenómeno, ya que las fuentes con mayor proporción de luz azul generan un mayor resplandor luminoso nocturno".
El desierto de Atacama, el más árido del mundo, reúne condiciones excepcionales para la astronomía. Su atmósfera extremadamente seca, la estabilidad atmosférica y sus cielos oscuros son algunas de las características que favorecen la observación astronómica. "Son cielos realmente únicos", enfatiza Patricio Rojo, director del Departamento de Astronomía de la U. de Chile.
Sin embargo, la exposición a la contaminación lumínica no es igual en todo el territorio. "Hay sitios en el norte que están mucho más aislados, mientras que otros, como los cercanos al valle del Elqui, están mucho más expuestos a la contaminación. Desde muchos de ellos se puede ver La Serena. En cambio, otros lugares del norte no tienen ninguna ciudad a la vista y se deben usar medidas de mitigación para trabajar en astronomía", añade.
Las brechas
El aumento de las fuentes de iluminación también se refleja en los proyectos que entran al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Un informe de la Fundación Cielos de Chile revisó 118 proyectos industriales ingresados entre octubre de 2023 y junio de 2025 en las 29 comunas declaradas áreas astronómicas. Solo dos habían definido un área de influencia lumínica y 67% no definió correctamente el área.
Además, ninguno ingresó como Estudio de Impacto Ambiental (EIA) debido a un eventual impacto sobre la calidad de los cielos oscuros.
La aplicación de la norma también presenta diferencias entre las regiones. El análisis recogió 464 proyectos y 730 registros de luminarias a instalar en alumbrado público, declarados ante la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) entre octubre de 2024 y febrero de 2026. El estudio determinó que el 36,7% de los casos cumplía con la norma. En Antofagasta, el porcentaje llega a 59,2%; en Atacama, 24,6%, y en Coquimbo, al 19,3%.
Revisión de la normativa
El Ministerio del Medio Ambiente (MMA) inició en agosto de 2026 la revisión de la normativa y, en paralelo, abrió un proceso para prorrogar determinados plazos de implementación del alumbrado de cargo o administración municipal.
José Ignacio Vial, subsecretario del Medio Ambiente, comenta que los municipios enfrentan restricciones presupuestarias, dificultades en los procesos de licitación y problemas para adaptar los sistemas existentes. "La conversión de luminarias no es un simple cambio de ampolletas, sino una reestructuración que debe compatibilizar la protección ambiental con otras necesidades, como la percepción de seguridad y la eficiencia energética", afirma.
Y el problema no se limita al cumplimiento de cada fuente por separado. "No contamos con umbrales definidos que determinen cuándo un territorio se encuentra saturado por luz artificial o en riesgo de saturación", advierte Gabriela López, de la OPCC.
En esa línea, Daniela González, directora ejecutiva de la Fundación Cielos de Chile, apunta a avanzar en una norma secundaria de calidad del cielo nocturno: "Esta norma complementaría el DS 1/2022 con un estándar que establezca límites para el brillo del cielo en su conjunto, permitiendo evaluar el impacto acumulado de múltiples proyectos en un territorio astronómico".
Lo que está en juego
El aumento del brillo artificial del cielo dificulta la observación de objetos débiles y distantes. "Lo que perdemos es la capacidad de observar estas galaxias muy al principio del universo", explica Rodrigo Herrera, director del Núcleo Milenio de Galaxias y profesor del Departamento de Astronomía de la UdeC.
No obstante, los expertos coinciden en que la expansión urbana y el desarrollo de actividades mineras y energéticas pueden coexistir con la protección de los cielos nocturnos, siempre y cuando sus sistemas de iluminación consideren los efectos que generan sobre el entorno. "No nos oponemos al crecimiento, a la minería, ni a que las ciudades crezcan, pero hay formas de iluminar las mineras, ciudades y autopistas para minimizar el impacto sobre la astronomía", plantea Herrera.
Un ejemplo es el proyecto de iluminación de la Mina Tenardita, que obtuvo el Premio Cielos de Chile 2025 en la categoría Alumbrado Industrial por buscar reducir la contaminación lumínica y proteger a las aves marinas.
Rojo, de la U. de Chile, propone medidas como delimitar las zonas que requieren iluminación, ajustar horarios de trabajo y orientar las luminarias hacia abajo: "Lo que necesitamos los astrónomos es que las luminarias no apunten hacia arriba".
A la lista, Daniela González añade desarrollar guías de evaluación, capacitar a titulares de proyectos y ampliar el monitoreo.