Efecto dominó
Gregorio Gandini
Este fue un mes septiembre muy movido en los mercados financieros, pero nos deja pistas cruciales para el resto del año
Gregorio Gandini
Este fue un mes septiembre muy movido en los mercados financieros, pero nos deja pistas cruciales para el resto del año. Vale la pena iniciar retomando el tema de mi columna anterior, el petróleo y cómo conecta todo esto. Al momento de escribir esta columna, el Brent llevaba 13 días por encima de los US$100 por barril, en medio de un nuevo escalamiento de las tensiones entre Irán y Estados Unidos e incertidumbre sobre la apertura del estrecho de Ormuz. El impacto, no solo de este más reciente episodio, sino de los altos precios desde el inicio del conflicto en marzo, ha afectado los precios de la gasolina y el diésel, que, de acuerdo con datos de la Fed de St. Louis, en la semana del 21 de septiembre marcaron US$4,61 por galón y US$6,53, respectivamente. Para el caso del diésel, esto representa un nivel récord no visto en los últimos 30 años y, en la gasolina, un pico superado únicamente por julio de 2022, en plena fase inicial del conflicto en Ucrania. El impacto de los aumentos en los combustibles es, para mí, quizás una de las fuerzas más transversales sobre los precios de la economía, ya que incrementa los costos del transporte y se transmite al precio final de una gran cantidad de bienes. Aparentemente, la Fed y Kevin Warsh piensan lo mismo, ya que en su reunión del 16 de septiembre realizaron un aumento de 25 puntos básicos, el primero desde 2023, que dejó la tasa de interés entre 3,75% y 4,00%, de forma unánime, valga la pena aclarar. Esto no solo cambia la narrativa sobre un posible recorte, sino que refuerza la expectativa de, al menos, un segundo aumento en lo que resta de este año. Además, el Banco de Japón también volvió a subir su tasa el 18 de septiembre, ante la alta exposición del país asiático, que importa la gran mayoría de su petróleo. Estos dos aumentos llevaron al dólar global y al yen a fortalecerse simultáneamente: el primero, ante las expectativas de mayores tasas de interés en Estados Unidos, y el segundo, por efecto del desarme de posiciones de carry trade. Localmente, vemos al peso perdiendo fuerza y volviendo a niveles de $3.200, en un escenario en el que nos vamos acoplando de nuevo a los mercados globales y no tanto a fuerzas locales. El contexto de mercado es, sin duda, interesante y nos prepara para un cierre de año bastante movido. Lo que estamos viendo es, en el fondo la misma fuerza que se transmite por distintos canales: un choque en precios del petróleo puede convertirse en mayor inflación, presionar la respuesta de los bancos centrales, modificar las expectativas sobre las tasas de interés y, finalmente, mover los mercados de monedas y activos financieros alrededor del mundo. En un entorno como este entender las conexiones será clave para leer lo que viene. Y para Colombia, cada vez más integrada a los mercados globales, esto significa que buena parte de los movimientos del peso y de nuestras condiciones financieras no se explicarán únicamente por lo que ocurra dentro del país, sino también por las fuerzas que se están gestando afuera.
Analista de Mercados Financieros/ Director Gandini Análisis. https://gandinianalisis.com/