Martes, 06 de Octubre de 2026

Los microplásticos contaminan nuestro cerebro

ColombiaEl Tiempo, Colombia 4 de octubre de 2026

UNA AMENAZA INVISIBLE
Manuel Rodríguez Becerra
En las dos pasadas columnas afirmé: "El nuevo presidente, Abelardo De La Espriella, deberá hacer un examen y un replanteamiento a fondo de las políticas para la protección ambiental en Colombia, que continúan fracasando si se toma en cuenta que, a nivel global, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el declive de la biodiversidad y la contaminación química siguen incrementándose"

UNA AMENAZA INVISIBLE
Manuel Rodríguez Becerra
En las dos pasadas columnas afirmé: "El nuevo presidente, Abelardo De La Espriella, deberá hacer un examen y un replanteamiento a fondo de las políticas para la protección ambiental en Colombia, que continúan fracasando si se toma en cuenta que, a nivel global, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el declive de la biodiversidad y la contaminación química siguen incrementándose". En esta última columna sobre la triada de la crisis ambiental global me concentraré en la contaminación química, un tema relativamente desconocido por los ciudadanos si se compara con el cambio climático, los otros dos componentes de la tríada. Desde 2022 cambió oficialmente la posición de la contaminación química como un problema global. Antes se hablaba de contaminación como un problema local: "El río Magdalena está contaminado". Desde que el Stockholm Resilience Centre, liderado por Rokstrom, publicó la actualización de los nueve límites planetarios, la contaminación química pasó a ser uno de los tres que ya están en rojo, o sea, fuera del espacio seguro para la humanidad, y se pone al mismo nivel por dos razones: 1) Ya superamos la capacidad del planeta para limpiarla. Producimos 350.000 químicos nuevos desde 1950, y se producen 2.500 millones de toneladas al año de químicos sintéticos. Estas moléculas comienzan a surgir con la Revolución Industrial, a mediados del siglo XVIII. Los contaminantes químicos que más proliferan son los plásticos y son el motor oculto de otra crisis: los microplásticos procedentes de una fábrica en Ohio ya están en la sangre de osos polares en el Ártico, en la lluvia del Everest y en la placenta humana. 2). La industria química es responsable del 10 % de las emisiones globales de CO2. Las cuatro fuentes principales de microplásticos: (a) El 35 % del lavado de ropa sintética (poliéster, nailon, acrílico), que suelta 700.000 microfibras. Las plantas de tratamiento no las atrapan, son de 5 micras. (b) El 28 % de las llantas de los carros: cada vez que se frena, la llanta emite microplásticos. (c). El 24 % procede de los plásticos grandes: botellas, bolsas, pitillos, empaques que los rayos ultravioleta los quiebran en pedacitos cada vez más chicos. (d). El 7 % la pintura de las casas y la de las líneas de las carreteras, que son 40 % plástico acrílico. Recientes investigaciones han revelado la presencia de microplásticos en diversas partes del cuerpo humano, incluidos los pulmones y el tracto gastrointestinal. Sin embargo, el hallazgo más reciente y alarmante es la detección de microplásticos en el cerebro humano, un fenómeno del que estamos en los albores de su conocimiento y que podría traer consecuencias hoy inimaginables. Un reciente estudio revela que los microplásticos están atravesando la barrera hematoencefálica y llegando al cerebro humano, aumentando en cantidad con el tiempo. Según los científicos, los fragmentos plásticos encontrados en los cerebros de las personas analizadas en 2024 eran un 50 % mayores en comparación con las muestras de 2016. ¿Cómo entran? Por el nervio olfatorio. Se respira microplástico del polvo de la casa / llantas / ropa, que sube por la nariz directo al bulbo olfatorio y de ahí al cerebro. No pasa por el hígado, que podría filtrarlo. También cruza la barrera hematoencefálica cuando es nanoplástico, menor de 1 micra. ¿Cuál es el posible impacto de los microplásticos en la función cerebral? Es una amenaza invisible para el ciudadano. Existen indicios de que incrementa el alzhéimer, pero aún no hay causalidad probada. El estudio de 2025 encontró más plástico en cerebros con demencia, pero no se sabe si el plástico causó la demencia o si el cerebro con demencia, al tener la barrera más dañada, acumula más plástico. En este caso es el huevo y la gallina. Pero lo que sí es claro es que el cuerpo humano, como el complejo ecosistema que es, tiene límites y no está en posibilidad de incorporar, sin consecuencias, la contaminación de los microplásticos en forma indefinida.
El cuerpo humano tiene límites y no está en posibilidad de incorporar, sin consecuencias, la contaminación de los microplásticos en

forma indefinida.
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