Mientras más cerca está la edad de jubilar, más ganas hay de seguir trabajando
Apenas el 32,2% de los jóvenes de entre 18 y 29 años dice que le gustaría seguir trabajando después de la edad legal de jubilación si pudiera elegir libremente. Entre las personas de 65 años o más, en cambio, la cifra sube al 58%.
"M ás allá del tema económico está lo que tiene que ver con sentirse bien, con mantenerse activo, que está demostrado que se relaciona directamente con estar saludable", dice Patricia Flores, neuropsicóloga de Clínica Alemana. En el caso del trabajo, este puede "matar dos pájaros de un tiro" ya que reúne dos elementos relevantes para el envejecimiento: "Las relaciones interpersonales y mantenerse activo en términos de estar haciendo nuevos aprendizajes".
Esa disposición aparece en el sondeo Percepciones y actitudes hacia el envejecimiento en Chile, del Instituto de Políticas Públicas de la U. Andrés Bello. Mientras solo 32,2% de los jóvenes entre 18 y 29 años dice que le gustaría continuar trabajando después de la edad legal de jubilación si pudiera elegir libremente, entre los mayores de 65 años la cifra llega al 58%.
"Mientras más distancia tienes de ese momento, es mayor el sesgo", plantea Alejandra Ríos, directora del Observatorio para la Inclusión de la U. Andrés Bello. "En la medida en que uno se va acercando, va valorando distinto esa etapa de la vida".
Las razones que se atribuyen a esa decisión también cambian. En el total de los encuestados, 81% cree que una persona continúa trabajando principalmente por necesidad económica y 12% porque disfruta su trabajo y quiere mantenerse activa. Entre los mayores de 65 años, esta última respuesta sube al 22,6%.
Para Ríos, los resultados muestran una diferencia entre mirar la vejez desde lejos y aproximarse a ella. Al acercarse a esa etapa, dice, las personas comienzan a reconocerse todavía capaces de participar: "Todavía está vigente, todavía tiene mucho que aportar, no quiere cortar los vínculos que le proporcionan estos espacios de participación social, como, por ejemplo, el laboral".
Esa distancia también aparece al preguntar por la vejez en general. El 45,6% de los jóvenes entre 18 y 29 años dice que no le ilusiona llegar a esa etapa, frente al 11% de los mayores de 65. Y mientras solo el 5,4% del grupo más joven considera que la vejez depende del estado de salud o de la actitud más que de una edad determinada, entre los mayores esa proporción alcanza el 33,7%.
Para Alexis Sossa, sociólogo y académico de la U. Mayor, parte de esta diferencia se relaciona con la escasa convivencia entre generaciones. "Hay pocos lugares en Chile, en la sociedad, en donde ellos se encuentren. Es difícil ver espacios en donde personas mayores convivan con gente joven que no sean parte de su familia".
Esa distancia, plantea, permite que los jóvenes proyecten su propia idea de lo que significa ser adulto mayor: "Quizás para ellos trabajar en la vejez no es bueno y, por lo tanto, piensan y creen que las personas mayores piensan igual".
Un propósito
También existe, dice, una concepción social que vincula esa etapa de la vida con la inactividad. "Se piensa que la persona mayor debe descansar o estar en la casa, o que trabajar es una especie de abuso".
El trabajo, sin embargo, ocupa socialmente un espacio que va más allá del ingreso. "Implica contactos con otras personas, implica una rutina, implica salir de la casa", dice Sossa. "Una persona que trabaja tiene metas, tiene logros, tiene una mirada de futuro, tiene una proyección".
Por eso, el retiro también puede modificar las redes que una persona ha construido durante años. "Cuando las personas jubilan, pierden mucho de su capital social, vale decir, de sus compañeros, amistades, amigos", afirma. "Según la literatura, esta pérdida suele ser especialmente marcada entre los hombres, mientras las mujeres tienden a reconstruir con mayor facilidad sus redes en otros espacios, como el barrio, organizaciones o actividades comunitarias", explica.
Desde el punto de vista clínico, Flores no recomienda la "jubilación temprana". Si bien enfatiza en que "cada caso es distinto, ya que depende del tipo de trabajo que se realice y las capacidades de las personas", ella ha atendido casos de personas que, debido a que su situación económica les permitió jubilarse, después acudieron a ella con una "falta de propósito" y con la necesidad de replantearse que hacer con el resto de sus años.
Sin embargo, la especialista afirma que trabajar no es la única forma de mantener activida cognitiva y vínculos sociales: "La actividad física, aprender un idioma o un instrumento y mantener relaciones sociales son algunas de las alternativas".
Querer trabajar y poder hacerlo
Sossa advierte, además, que el fenómeno no puede separarse de las condiciones económicas del país: "Una cosa es la realidad chilena de las pensiones, los sueldos y las condiciones laborales y la otra es entender el fenómeno del trabajo más allá de su consecuencia económica (...). Algunas personas mayores quieren continuar trabajando, mientras otras deben hacerlo aunque preferirían retirarse".
Para quienes sí quieren continuar, los resultados muestran otra dificultad. El 82,7% de los encuestados considera que en Chile no existen oportunidades laborales reales para quienes desean seguir trabajando en la vejez. Solo 17,9% cree que nunca se es demasiado mayor para postular a un nuevo empleo o cambiar de rubro.
Ríos advierte allí una paradoja. El 46,5% de los encuestados asocia la vejez con sabiduría y experiencia, pero esa valoración no necesariamente se refleja en el mercado laboral. "Hay alguna razón que provoca que esa sabiduría no se pueda extrapolar a actividades laborales", plantea.
Y se pregunta: "Una persona de 60 años todavía es muy productiva. ¿Por qué se considera que ya no debiera seguir intentando buscar un trabajo?".