Exilir
Cierta persona muy querida de mi familia nunca ha podido pronunciar bien algunas palabras
Cierta persona muy querida de mi familia nunca ha podido pronunciar bien algunas palabras. Dice "Vichusquén" en vez de "Vichuquén", "Netsflixs" por "Netflix", y no ha habido caso que el presidente de la República no sea "Kats". Imagino que la neurociencia tendrá alguna explicación, o tal vez la lingüística. Como sea, todos disfrutamos de estos deslices que parecen como de niños, no sin alegría (y para nada sarcástica).
Pero hay otra dulzura aún mayor -me parece- en situaciones cuando las personas dicen mal ciertas palabras por confusión, apresuramiento o ansiedad. Puede ser también una simple traba del momento, o los nervios. Estuve presente en una entusiasta conversación donde se trataba de adjetivar a un mosto generoso -si no recuerdo mal-. Se dijo "pócima", "licor" y hasta "panacea". Mas, de pronto, uno de los contertulios alzó la voz y con gran entusiasmo exclamó: "!Un exilir". Las risas no demoraron mucho, incluidas las de la propia profiriente (sí, era mujer), que casi de inmediato advirtió el gazapo. Y fue un momento inolvidable: ver ese rostro -ahora sí de niña- entre confundido, tenuemente avergonzado y contento.
Desde entonces, el mosto aquel -y entre aquel grupo de amigos- se ha llamado indefectiblemente "exilir", para deleite de todos. Es interesante, reflexiono de paso, cómo ciertos códigos consiguen instalarse a modo de referencias ya no solo de camaradería o amistad, sino de complicidad y secreto hermanamiento. !Todo un "exilir"¡