Domingo, 11 de Octubre de 2026

Aislados y esperando

UruguayEl País, Uruguay 11 de octubre de 2026

Los gobernantes deben defender antes que nada el interés nacional.

No será porque no se veía venir. Desde el triunfo de Milei en noviembre de 2023 todos nuestros vecinos sudamericanos fueron eligiendo gobiernos no izquierdistas. Y se potenció, además, a partir de noviembre de 2024 con la reelección de Trump en Estados Unidos (EE.UU.).

Nosotros, en parte por responsabilidad de la pésima campaña y estrategia electorales blancas, optamos por ir a contramano: Orsi presidente, izquierda mayoritaria en el Senado (aunque no en Diputados), y un alineamiento tras Lula que se hizo notar, incluso, en la campaña misma del balotaje, cuando el Frente Amplio (FA) recibió especialistas brasileños para asesorar a su candidato.

A partir de allí, todas nuestras opciones han estado desalineadas con el signo de nuestros tiempos. Las grandes potencias pasaron a privilegiar los vínculos bilaterales; Uruguay sigue defendiendo con uñas y dientes escenarios internacionales multilaterales alejados de EE.UU., como la Celac o el grupo de los 77 en Naciones Unidas, de los que además se precia de ser protagonista. Washington renovó su doctrina Monroe: quitó a Maduro del poder, ha acordado bilateralmente pactos de desarrollo en áreas estratégicas, y presiona para terminar con la dictadura cubana; Uruguay envía ayuda al Partido Comunista gobernante en Cuba, y juega a aliarse al polo de los países del BRICS de la mano de Brasilia. EE.UU. y Argentina, con convicción occidental, sostienen el derecho de Israel de defenderse de los ataques terroristas más salvajes; Uruguay insiste con la tesis de los dos Estados, envía un embajador político a Palestina y tiene un partido de gobierno que, cada vez con menos pudor, acumula señales anti-judías.

Un izquierdista podrá decir que todas esas son sus convicciones y que, al haber ganado el gobierno legítimamente, ellas tienen todo el derecho de expresarse. Y es verdad. Pero el problema es que cuando se ejerce el poder se debe, también y sobre todo, practicar la ética de la responsabilidad. Ella enseña que los gobernantes deben defender antes que nada el interés nacional, por encima de sus convicciones personales. Pongamos un ejemplo fácil de entender en el comité de base: Vázquez, en plena crisis del bloqueo de los puentes, buscó ayuda militar en EE.UU. previendo eventuales excesos porteños. Él era ideológicamente aliado de los Kirchner -esa era su ética de convicción-. Pero sobre todo era presidente, y por lo tanto buscó apoyo en Washington -esa fue su ética de responsabilidad-.

Infelizmente en estos meses el oficialismo sólo ha seguido su ética de convicción. Y ahora que la derecha ya controla en Brasil los ejecutivos de importantes estados federados y la mayoría del Parlamento federal, surge bien claro para la opinión no especializada en qué consiste gobernar sin ética de la responsabilidad. En definitiva, si gana Bolsonaro, el aislamiento de Montevideo será del todo excepcional en nuestra historia y muy perjudicial para el país. Se hará diáfana la torpeza de no haber desplegado estrategias favorables a nuestros intereses nacionales, tanto con relación a la región como con respecto a un Brasil de Lula derrotado.


Ojalá el presidente Orsi actúe con ética de responsabilidad si gana Bolsonaro. Si no fuese así, quedaremos radicalmente aislados y esperando la elección de 2029.

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