El agua
Una primavera lluviosa es la que hemos vivido hasta ahora; sorprendidos quizás por la fuerza de un agua que causa estragos en las calles cuando se desborda y cuya fuerza lleva todo lo que está a su paso
Una primavera lluviosa es la que hemos vivido hasta ahora; sorprendidos quizás por la fuerza de un agua que causa estragos en las calles cuando se desborda y cuya fuerza lleva todo lo que está a su paso. Estos sucesos nos muestran que la ciudad no domina la naturaleza, sino que sigue siendo la naturaleza la que ejerce soberanía sobre la ciudad. Todo lo humano está siempre a merced de los imprevistos que, de cuando en cuando, dificultan la convivencia del hombre con el entorno y envuelven un signo de interrogación permanente. La incertidumbre incluso climática y del ambiente forma parte de la existencia del ser humano sobre la tierra. Ni siquiera la más sólida obra hecha por el hombre resiste la "furia" de la naturaleza.
Mientras escribo estas líneas, el agua azota Santiago y cae de manera inclemente sobre transeúntes y lugares. En algunos sitios esa lluvia es granizo y remece con más fuerza los techos de las casas y de los autos. Algunos paraguas se doblan con el viento y se vuelven más un problema que una solución. La misma cellisca que lava nuestro Santiago inunda distintos rincones, causando serios inconvenientes en la cotidianidad de muchas personas y en el frecuente ajetreo de una ciudad que resurge cada día con el ánimo y la esperanza de sus habitantes.