Desde afuera y desde adentro
El éxito de esta inversión es el resultado de que el Uruguay mantiene una ejecutoria respetuosa y previsible.
El presidente de la República, Yamandú Orsi, firmó un acuerdo con la empresa Solaria para desarrollar un parque de centros de datos con 500 megavatios. La inversión anunciada, 5.700 millones de dólares, es la mayor que el Uruguay ha recibido en su historia; y está en línea con la apuesta nacional a la innovación, a la economía digital y a la generación de energía.
El profesor Orsi recalcó que "Es una inversión millonaria pero, por sobre todo, una señal del Uruguay al mundo", ya que "somos un país donde se puede invertir, donde se puede crecer y donde las reglas están claras y se respetan".
Y agregó: "Las instalaciones se distribuirán en Canelones, San José y Florida. Creemos en la descentralización, el desarrollo es en todo el territorio, o no es", afirmando el compromiso de llevar el crecimiento al interior.
Hay que celebrarlo sin reservas, porque es el fruto de los sueños aperturistas de sucesivas generaciones de Ministros de Economía y Finanzas y aun de sus antecesores, que con recoleta modestia llamábamos simplemente Ministros de Hacienda. Sí: los antecedentes se remontan al Cr. Eduardo Azzini, que en el primer gobierno blanco impulsó la Reforma Cambiaria y Monetaria, con la cual fijó el dólar en 11 pesos y apostó a que lograríamos aflujo de capitales para industrializar al país. Los resultados fueron menos que tibios, pero la brecha quedó abierta: en vez del proteccionismo a la empresa nacional, buscamos que la inversión internacional nos levantara.
Desde aquellos años 60 del siglo pasado han corrido dos tercios de siglo. Fuimos laboratorio institucional, guerrilla, dictadura y resurgimiento democrático. En el gobierno se nos alternaron lemas, estilos y hasta modales de Presidentes. Pero la variopinta vida que llevamos desde que recuperamos la libertad en 1985 ha sido uniforme en buscar, siempre, la inversión foránea.
El propio Frente Amplio, desgañitado en su clamor anticapitalista, se entusiasmó, en el primer gobierno de Vázquez, en ejecutar la instalación de UPM pactada con los finlandeses por el gobierno de Jorge Batlle. Más aun: en la búsqueda de que nos hicieran crecer desde afuera, José Mujica, que había encarnado a la izquierda tirabombas, nos asestó la extravagancia de codearse con el capitalista Soros, apalabrándose con él sobre un tema tan vidrioso -y repulsivo- como el manejo público de plantas alucinógenas.
El éxito de conseguir esta inversión es, pues, el resultado de que el Uruguay mantiene una ejecutoria respetuosa y previsible, por encima de las divergencias y distanciamientos que dividen a la ciudadanía. En esta inversión, hay trabajo y seguramente mérito del gobierno que la anuncia; pero hay, además, valor acumulado.
Démonos por enterados de que si desde afuera crecemos merced a un Derecho previsible y garantista, desde adentro debemos ocuparnos de tener un Derecho garantista y previsible.
Sólo así evitaremos que las alegrías de la inversión que advendrá se nos crucen con las angustias de un país horadado por crímenes diarios y ofendido por procesos -penales, de violencia doméstica y de género- en los cuales se cruzan la imprecisión, el flechamiento de la "perspectiva" y la mismísima indefensión.
Porque la misma seguridad jurídica que se brinda a los de allende el Océano, la necesitamos todos para la bienandanza nuestra de cada día.