‘Nos vemos en EL TIEMPO’
EL ARCA DE NOÉ
Este jueves era un día especial en esta casa periodística
EL ARCA DE NOÉ
Este jueves era un día especial en esta casa periodística. Se inauguraba la nueva sede de EL TIEMPO, en el occidente de Bogotá, en los amplios terrenos donde antes quedaba el club del periódico. Era un acontecimiento muy importante adentro, pero lo sería para la prensa, para la sociedad y para el país. Yo, que para lo social soy negado, tanto que casi no asisto ni a mi matrimonio, estuve en esta cita. Era la presentación en sociedad —el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, la diplomacia, altas dignidades, la prensa nacional e internacional— de los nuevos edificios, de su rotativa y del nuevo formato, que ya lleva 20 días en la calle. Estuve ahí, a punto de lágrima emotiva, sobre todo en el momento en que el Presidente De La Espriella y el señor Sarmiento Angulo desanudaron la cinta inaugural, que también me desbarató un nudo en la garganta y no sé por qué recordé el ruido, ¡zas!, de mi primer periódico bajo la puerta, en 1977. Inicialmente pensaba que yo jamás creí ir al club vestido de corbata y mocasín. Pero esta vez sí porque ahora son dos edificios modernos e inteligentes. Más que yo, porque me perdí. Desde luego, yo no iba a hablar. Pero no me sacaba de la mente, y lo voy a decir aunque me traten de batracio, lo que le comenté al columnista Thierry Ways, quien me hizo el favor de acompañarme, porque las grandes reuniones como esta tienen su arte y yo no sé ni ubicarme. Le decía que pensaba en lo que ha significado EL TIEMPO como medio de comunicación y como identidad nacional. Y él, buen costeño, decía ajá, equivalente a oui, porque también es francés. Que el edificio de la Jiménez con 7.ª , agregaba yo, se volvió la esquina nacional porque la gente decía "nos vemos en EL TIEMPO". Pero eso tenía un significado más amplio, pues la dirigencia, la diplomacia, la cultura, el deporte también han dicho "nos vemos en EL TIEMPO". Este país, durante 115 años, se ha visto en EL TIEMPO. "Ajáááá". Después nos trasladamos a la avenida El Dorado, y este diario siguió siendo punto de referencia. Hasta una estación de TransMilenio indica que llegamos a EL TIEMPO. Y de nuevo, la gente y el país político, social, cultural y académico se han seguido dando cita aquí. Decía yo que donde vayamos, al sur, al norte, al occidente, será la esquina o el sector de EL TIEMPO. Eso se lo ha ganado a pulso este diario que ha avanzado con nuevas sedes que dan comodidad, con herramientas y tecnología de punta, pero especialmente con su alma interior inamovible, que es un periodismo serio y riguroso, a prueba de fuego y censura, que se la ha jugado en defensa de la libertad de prensa, de los principios democráticos y los derechos ciudadanos. Y esto se resume en credibilidad, un tesoro para los medios. Eso es lo que han entendido y defienden los propietarios, directores y periodistas, desde don Alfonso Villegas Restrepo en 1911 hasta los de este jueves. "Ajááá, oui". Eso lo dijeron, en otras palabras, el director, Andrés Mompotes Lemos, y el señor Luis Carlos Sarmiento Angulo, propietario de este diario, quien le metió 130.000 millones de pesos al proyecto, ajáá, repasó la historia de EL TIEMPO y reafirmo los principios tutelares y su certeza de que seguimos haciendo un periodismo veraz. El presidente De La Espriella gritó que su gobierno está firme por la libertad de prensa y será garante de ella. Amén. Esa es una gran noticia, más hoy, cuando varios periodistas han sido asesinados por cumplir su oficio. Después hubo un coctel, donde tampoco me sé ubicar. Pero sí parar oreja. Y oí voces en tono extranjero sobre que es admirable que cuando muchos medios se cierran en el mundo, este apuesta duro y se agiganta. Ajááá. Es una grata noticia, pues, como lo dijo el director: "Sin la luz de la prensa, la democracia es un fantasma". "Nos vemos en EL TIEMPO".
Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com
Es admirable que cuando muchos medios se cierran en el mundo, este apuesta duro y se agiganta.