Domingo, 18 de Octubre de 2026

El lujo de un hijo más

ChileEl Mercurio, Chile 18 de octubre de 2026

Educación pública de calidad es ahorro familiar.

Tome una cohorte de 100 mujeres. Suponga que 9 nunca tienen hijos, 19 tienen uno, 37 tienen dos, 23 tres y 12 cuatro o más. El total de hijos es al menos 210 y la tasa de fecundidad supera 2,1 niños por mujer. Esos son los números para las chilenas nacidas entre 1973 y 1977. Desde entonces las cifras vienen cayendo como piano. Chile posee la tasa de fecundidad más baja de América Latina y se proyecta que, sin nueva inmigración, su población empiece a achicarse antes del 2030.
Que muchas naciones reporten una fecundidad inferior a la necesaria para mantener la población estable -2,1 hijos por mujer asegura el reemplazo generacional- es un hecho sin precedente. Y la magnitud y velocidad de la caída, concentrada en países pobres y de ingreso medio, generan perplejidad. ¿Las consecuencias? ¿Motivos? ¿Fenómeno reversible? Vamos por partes.
Si bien la tecnología e innovación podrían sostener el crecimiento de un país que pierde población, la posibilidad de que esto ocurra en economías pequeñas y alejadas del desarrollo es remota. Por lo tanto, la consecuencia esperada es un PIB parejito y reguleque, como el que Chile ve hace más de una década. Y agregue a eso presiones de gasto propias de una población de votantes que solo envejece. Un Congreso que no entiende el tamaño del desafío puede ser más peligroso que un mono con navaja. De ahí que se busque cómo revertir la tendencia.
Entonces, dos datos son claves para Chile. Primero, que el reciente derrumbe de la fecundidad se concentra en mujeres de entre 20 y 29 años con educación secundaria. Segundo, no es que las nuevas generaciones no tengan hijos, sino que tienen menos que antes (la mediana es hoy 2, insuficiente para evitar la caída de la población). Así, a motivos como la asimilación cultural desde otras latitudes y la inercia en normas sociales (machismo), hay que sumar un mercado laboral que no genera oportunidades y un mayor costo de criar. Una economía estancada puede frenar todo plan familiar y, para una mujer joven, transformar a un hijo más en una excentricidad.
¿Y si el problema es económico, por qué no aprovecharlo para forzar un cambio? Ojalá fuese fácil. En EE.UU. se estima que "incentivar" un nacimiento cuesta unos US$ 200.000 (Stone, 2020). Si ajustamos por PPP, incentivar los 164 mil nacimientos anuales extras para elevar la tasa de fecundidad a 2,1, costaría cerca de 2 puntos del PIB cada año. Nada que hacer.
Pero quizás existan formas menos distorsionadoras de abaratar la crianza. Le doy un ejemplo. Piense en el debate presupuestario. Pese a que la población caerá, el gasto público en educación aumenta y, por lo tanto, la inversión por niño en edad escolar crece. Al 2028, la caída en la fecundidad desde 2010 habrá dejado 19% más pesos por niño (vs. sin caída); al 2031, 36%. Los recursos ya están sobre la mesa. Gastarlos en calidad no revertirá toda la caída, pero una escuela pública de excelencia es gasto que la familia se ahorra y le quita el lujo a tener un hijo más.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela